Babelia, Cómic

Los lenguajes sin domesticar de dos ilustres

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Hay dibujantes que se sientan al tablero como quien va a la oficina, y los hay que descienden con el lápiz y el pincel a cloacas de fascinaciones esteticistas, violentas, eróticas. También los hay que convierten lo cotidiano en una abstracción de caligrafía onírica. La buena suerte actual de la historieta española nos ha abocado a esta deliciosa situación: se reúnen en las librerías, este otoño, sendas novedades de dos autores imprescindibles, Keko (Juan Antonio Godoy, Madrid, 1963) y Micharmut (Juan Bosch, Valencia, 1953). Sus títulos respectivos, Ojos que ven y Solo para moscas. Ambos llegan con el sello de una editorial clásica del cómic adulto, Edicions de Ponent.

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“Keko habita Olimpos que parecen frenopáticos”, anota Micharmut en el prólogo de Ojos que ven. Escribe el valenciano sobre el madrileño con profundidad, indagando en la densidad de los claroscuros que caracterizan a sus historietas. Keko comenzó a publicar muy joven, en las revistas Madriz o Medios revueltos, y durante años ha permanecido como un francotirador de elegantísima y tortuosa mirada en escenarios editoriales alternativos, como la revista NSLM. Hoy, con 49 años, y tras libros como 4 Botas –posiblemente su obra maestra, publicada en 2001–, La Casa del muerto o La protectora, es un nombre importante del cómic español contemporáneo. En Ojos que ven se reúnen historietas breves que, por la edad de su autor en la época, podríamos considerar “de formación”, pero que contienen nítido y subyugante el universo de fascinaciones literarias, gráficas y cinematográficas que le caracterizan. El de Keko es un “lenguaje sin domesticar”, en palabras de Micharmut. Un cine mejor que el cine, podríamos añadir, moldeado por el pincel negrísimo de un dibujante que convierte lo referencial en hipnótico.

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Si Ojos que ven está integrado por trabajos de juventud, Solo para moscas supone un espléndido catálogo de la madurez de su autor, Micharmut. Con tiempo y páginas por delante, hasta más de 270, Micharmut se ha dedicado ni más ni menos que a reinventar las reglas de la disciplina cómic, si bien su propósito quizás era tan humilde y visceral como dar rienda suelta a sus visiones de elaborada geometría. “Yo creo en la historieta pura. Jamás he decorado una página: he narrado en cada trocito que he podido”, explicaba Micharmut en 1991, en declaraciones a la revista El Maquinista. Auténtico furtivo de la historieta española, artista libre como pocos, Micharmut ha encontrado en el blog un formato idóneo para generar un caudal que se ordena en el libro editado por Ponent. Es un privilegio tener en activo a un autor involucrado en batallas estéticas legendarias, en los felices ochenta y noventa, época en que publicó Raya, Marisco y otros libros. “La composición de las páginas, el transcurrir de las viñetas son historieta pura”, escribe Micharmut sobre Keko; como si al comentar la labor de su compañero reincidiera en la definición de la suya propia. En un año de tebeos importantes de autores importante, Solo para moscas es posiblemente el más notable; uno destinado a perdurar, ojalá no furtivamente.

Ojos que ven. Keko. Edicions de Ponent. Alicante, 2012. 96 páginas, 19 euros. Solo para moscas. Micharmut. Edicions de Ponent. Alicante, 2012. 272 páginas, 32 euros

Publicado en BABELIA nº1101. EL PAÍS, 29/12/2012

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Cómic, Cine

RDL 2011

EL PEQUEÑO CHRISTIAN

Blutch / Norma Editorial

Los que primero leímos “La voluptuosidad” pensamos que así eran todos los tebeos de Blutch (Estrasburgo, 1967): densos y fascinantes, infectados de tortuosas oscuridades eróticas, pero de nuevo en “El pequeño Christian” nos descacharra el autor con su humor cercano y chulifresco, con su vacile burlón. En “El pequeño Christian” se fabula Blutch a sí mismo, y recuerda con cachondeo su infancia de niño ácido, fantasioso y enamoradizo. Blutch fue galardonado con el premio al autor más importante en el Salón del Cómic más relevante de Francia, el de Angulême, en 2009. Poca broma, pues. En este volumen de Norma se recopilan las dos etapas de “Christian”, separadas por un paréntesis de diez años, y en ambas se palpa el regocijo del historietista ante su propia habilidad como dibujante.

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PRISIONERO EN MAUTHAUSEN

Toni Carbos & Javier Cosnava / Edicions de Ponent

Novela gráfica inusual, necesaria, “Prisionero en Mauthausen” se inscribe en un ambicioso proyecto multidisciplinar impulsado por el escritor Javier Cosnava, a quien se describe en la solapa de este libro como “interesado especialmente por la Segunda Guerra Mundial”. Cosnava ya ha publicado novelas y cómics sobre el nazismo, y su aportación es muy pertinente, justo ahora, cuanto tanto se debate sobre memoria histórica: Mauthausen fue el campo de concentración donde terminaron muchos represaliados españoles. El guión recrea la cotidianeidad de barbarie que se debió respirar en ese campo, pero a pesar de su dureza no tensa la cuerda del sentimentalismo. Por su parte, el estilo cartoon de Toni Carbos aporta una distancia melancólica que recuerda a la obtenida por Osamu Tezuka en “Adolf”.

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FLUJO

Dave Cooper / Ediciones La Cúpula

Los tebeos de Dave Cooper (Canadá, 1967), bestia parda de la belleza repugnante, resultan poderosamente personales, pero en “Flujo” además se siente la influencia pajillero-cotidiana de Chester Brown o Joe Matt, y hay algo de la sordidez ambiental de Daniel Clowes, y por supuesto la obsesión erótica que vertebra el libro es totalmente Robert Crumb. “Flujo” narra el arrebato de amor loco de un pintor treintañero por su modelo, una gordita vulgar, zafia, desagradable y chunga, que sin embargo a él le enciende la sangre y le nubla la razón. Publicado en 2003, este libro es una pequeña joya exclusiva, ya que el muy talentoso Cooper está por ahora retirado de los tebeos y ocupado con disciplinas más rentables como la ilustración infantil, la publicidad o los dibujos animados mainstream.

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LA PROTECTORA

Keko / Edicions de Ponent

Resulta casi predecible definir a Jose Antonio Godoy, Keko (Madrid, 1963), de  superviviente y francotirador, pero ahí están su trayectoria y sus libros para dejar constancia del papel relevante que desempeña, desde los 80, en el cómic español de vanguardia. En “La protectora”, Keko parece querer crear una obra más narrativa que en sus libros anteriores, “Cuatro Botas” (2003) y “La casa del muerto” (2006), fascinantes experimentos esteticistas de reciclaje de materiales, pero no hay más que asomarse a esta pesadilla de afilados claroscuros para entender que es una coherente continuación. “La protectora” pretende ser una segunda parte de “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James, realizada por un superdotado de lo gráfico que ha trabajado “desde la más absoluta falta de respeto por el autor y su novela”.

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CONAN EL BÁRBARO

Dirigida por Marcus Nispel / Con Jason Momoa, Ron Perlman y Rose McGowan

De nuevo el “Conan” de 2011 reescribe el origen del personaje, y comete por tanto un error similar al del viejo y árido “Conan” de Milius y Schwarzenegger (1982). ¿Corrección política? Se suponía que Conan es un bruto noble sin demasiadas preocupaciones morales; pero los primeros minutos de esta versión están dedicados a generar un “origen secreto”, a otorgar al personaje un bagaje de injusticia que le transformará en un guerrero de maneras brutales –faltaría más–, pero recto y ecuánime. Por suerte, lo que parecía la “domesticación” de un arquetipo polémico se diluye en alguna reescritura del libreto, y quizás en ello ha sido clave Marcus Nispel, realizador de oscurísimas joyas como “Pathfinder” (2007) o las actualizaciones de “La matanza de Texas” (2003) y “Viernes 13” (2009). Gozosamente, Nispel sazona su película con numerosos pezones, violencia exacerbada, referencias indianajonescas y algún que otro bichejo lovecraftiano, importado directamente del background de Conan como fetiche de los pulp de los años 30 y de los cómics Marvel de los 70. Además del brío notable de Jason Momoa, este “Conan el Bárbaro” contiene mucha más diversión de la intuida en el primer cuarto de hora de metraje.

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X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN

Dirigida por Matthew Vaughn / Con James McAvoy, Michael Fassbender, Rose Byrne y January Jones

¿Y si un enérgico y juvenil Profesor Xavier hubiese dirigido a los X-Men primigenios? Un poco con ese argumento de episodio what if, el cineasta Bryan Singer –responsable de los dos primeros “X-Men” (2000 y 2003)— ha fabulado un guión donde instaura una emotiva nueva continuidad para los mutantes cinematográficos, que Matthew Vaughn ha interpretado en imágenes con un entusiasmo muy de fan. Entre el acelerado, divertidísimo e intrascendente Iron Man de Jon Favreau (2008 y 2010), y el Batman pretencioso y grandilocuente de Christopher Nolan (2005 y 2008), justo en medio de ese yin y yan de las posibilidades del género, se sitúa el emotivo capítulo sixties cool de Vaughn.

Metáfora y entertainment, “Primera generación” se pone dramática con la dualidad entre el idealista carismático James McAvoy y el dubitativo shakesperiano –en su justo medida— Michael Fassbender, pero por mucho que el Profesor Xavier y Magneto debatan sobre integración y/o secesionismo, la acción no se detiene nunca. Esta película parece cortada a medida de ese lema de los 70 que volvió míticos a los X-Men en los cómics: Odiados y temidos por un mundo que han jurado proteger.

La gran baza del film de Vaughn es, quizás, también su mayor tara: la acumulación de personajes superpoderosos. Tantos y tan bien diseñados: Zoë Kravitz como Angel, el divertido Banshee o el pérfido Sebastian Shaw –padre oscuro de un Magneto padawan seducido por el lado terrorista de la vida— constituyen un plus para el lector conocedor del universo mutante, pero en ocasiones se huele el teatrillo en los planos abigarrados de tantos actores disfrazados. En todo caso, conviene no perderse los cameos de Hugh Jackman y, sobre todo, de Rebecca Romijn, de nuevo como Mística, durante apenas un segundo de metraje.

Reseñas publicadas en ROCKDELUX durante 2011

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Cómic

La casa del muerto

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Keko
Edicions de Ponent

Si la posmodernidad consiste, como parece, en reciclar materiales, habrá que concluir que éste es un tebeo intensamente posmoderno. Las múltiples fascinaciones de Keko convergen en La casa del muerto, de forma arbitraria y acaso estética, pero con un fin, con un desenlace en el horizonte. La atmósfera noir, el claroscuro, el diseño gráfico y tipográfico, la cultura pop, la fascinación americana. El autor se sirve de todos estos materiales para la resolución de un objetivo: la descripción del Mal.

Y es que, en La Casa del Muerto, conviven el sexo y la muerte, el humor grotesco y los enigmas sin resolver. Pero, sobre todo, atraviesa el relato la presencia críptica, orgánica y transversal de la pura maldad. Es el tema del libro, la excusa para que convivan en sus páginas Hitler, Lover Boy el Conejo de Pascua. Es una historieta de una densidad literaria y gráfica poco habituales (a uno le viene a la cabeza el Big Numbers, o ciertas secuencias de Muñoz y Sampayo, o acaso de Maruo), en la que el autor narra el advenimiento de un Apocalipsis particularmente temible.

La Casa del Muerto reitera y actualiza temas y estructuras anteriores de Keko. Los mejora, también: los intensifica. El autor retoma sus obsesiones justo donde las dejó, al final de 4 Botas. Vuelve, pues, al reciclaje de materiales, a la estructura fragmentaria y a la digresión caprichosa. También a su universo gráfico de línea sinuosa y tramas desasosegadoras. Un estilo que casa como un guante con el tono críptico del álbum, de terror absoluto bajo la superficie estetizante. Keko ha destilado la más pura de sus esencias en un libro que es como una snuff movie rodada por Walt Disney y en la que aparecen tipos vestidos de nazis y de detectives privados mientras se oyen chillidos escalofriantes.

Publicado en THE BELLE MUSIC.com

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