Diseño

Stuffed

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Gentleman’s Room 1953, obra del estudio Snodevormgevers

¿Puede un animal disecado desprender poesía? Un grupo interdisciplinar de ex alumnos de la Academia de Eindhoven exploran este interrogante con Stuffed, un proyecto expositivo sobre el enigma de la muerte con apariencia de vida inmóvil.

Entre la repugnancia visceral y el pragmatismo funcionalista. A medio camino del infierno, el cachondeo punki y la decoración embarazada de lirismo. Son múltiples y contradictorias las visiones que Stuffed ha generado en un grupo heterogéneo de creadores que tienen como principal nexo común su residencia en el Strijp S, una de las zonas más creativas de Eindhoven. También, que son todos ex alumnos de la famosa Academia de Diseño de esta ciudad holandesa. Artistas, diseñadores, emprendedores. Con una perspectiva que fusiona disciplinas, desde el interiorismo, la fotografía o el dibujo, los autores involucrados han cruzado sensibilidades en una exposición colectiva inspirada por la colección de animales del Centro Educativo Milieu de Eindhoven (MEC). “Los animales no han sido solo el punto de arranque, sino una parte de la exposición”, aseguran los comisarios Christoph Brach y Franke Elshout. “Stuffed se ha convertido en un viaje a través del mundo de la taxidermia, la piel, el entorno vivo; la belleza de la vida y de la muerte, de la apariencia y la ciencia”.

¿Está menos muerto un animal por estar disecado? Este parece ser una de las preguntas que recorren los diferentes proyectos. Dries van Wagenberg y el estudio Snodevormgevers coinciden en la idea de integrar los animales disecados en entornos domésticos, en darles un contexto donde encajan como los objetos decorativos en que se han convertido. Por supuesto, en ambos casos, con un humor muy fino y europeo. “Al ser disecados, los animales pierden sus hábitats naturales en favor de nuevos entornos humanos”, explica Wagenberg sobre Domestic Habitat. “En lugar de la pobre y artificial copia de su entorno natural que suelen realizar los taxidermistas, este proyecto crea lugares en espacios interiores donde los animales pueden sentirse como en su hogar”. En el caso de Snodevormgevers el mobiliario de su proyecto Gentleman’s Room 1953 imita la apariencia de los troncos de los árboles, aunque en realidad el material utilizado es acero. Por su parte, Josine Beugels, que es quizás la autora de mirada más radical, transforma en Sparrow TurnOver (empanada de gorrión) el humor negro en reivindicación dolorida por el sacrificio animal. “No soy la típica activista a favor de los derechos animales, ni siquiera soy vegetariana”, reflexiona Josine, que en sus piezas ha extendido el debate de la taxidermia a la alimentación, “pero como artista, creo que hay una falta de conciencia respecto a nuestra concepción de la comida”.

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Empanada de gorrión, por Josine Beugels

La generosa disparidad de enfoques de Stuffed permite que, en el extremo inverso de la crudeza, encontremos una poesía muy nítida. Es la que Anne ten Donkelaar ha inyectado en Witternoord. Con una premisa casi de cuento de hadas, Donkelaar explica que ha querido “crear un escudo transparente que muestre la vulnerabilidad y la belleza” de las flores y los insectos, “pero que al mismo tiempo los proteja”. De nuevo, con ingenuidad y delicadeza, la ternura femenina le resta dramatismo a la certeza de la muerte.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº 16

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Diseño

Blown Fabric by Nendo

Sin color, pero con mucho significado. Los objetos diseñados por Oki Sato y su equipo recuerdan a cosas que se intuyen pero no existen. En este caso, setas mágicas de formas únicas, luz interna y apariencia esquiva.

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Blow Fabric es su nombre. Y la Tokyo Fiber 09 de Milán el escenario donde se presentó. Es la nueva línea conceptual de iluminación de Nendo, el estudio de Tokio que, de nuevo, ha sabido intoxicar de interpretaciones un producto cotidiano. El hallazgo se ha producido gracias a una nueva tecnología de fibras sintéticas que, sabiamente, Oki Sato ha sabido cruzar con una referencia del pasado. El tejido es un poliéster no tejido llamado smash. Y la tradición que evoca, la de las antiguas lámparas japonesas de papel chochin. “Nos dimos cuenta de que las propiedades particulares del smash nos permitiría moldearlo como el cristal, en una lámpara de una pieza sin costuras”. Ese proceso de tratamiento del smash conlleva una característica muy satisfactoria para los responsables de Nendo: las piezas resultantes tienen formas únicas, infinitas pequeñas imperfecciones que les conceden personalidad propia y que pueden interpretarse como “un lejano llanto por las formas estandarizadas de la producción industrial masiva”. Son hongos que actúan como metáforas de las mutaciones de los virus y las bacterias que, debido al calentamiento del smash, están equipados internamente con LEDs de baja temperatura.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº 13

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Diseño

El hotel de las historias

Los hoteles generan historias. El diseño cuenta historias. Helsinki Hotel es un proyecto que aúna narración y pragmatismo, dos vocaciones del diseño industrial. En él han participado 16 jóvenes estudiantes de 5 países que, en su contexto, han desarrollado productos que desprenden ironía, aliento onírico y hasta pura literatura.

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“Alguien podría argumentar que 16 diseñadores colaborando por primera vez son 15 de más. Pero hay que considerarlo en un contexto más amplio”. Martina Carpelan describe con estas palabras la sensación de desafío que compartían ella y sus compañeros de la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki (UIAH) involucrados en Helsinki Hotel, una muestra itinerante que ha sido exhibida este año en varios puntos de Europa. Toallas, botelleros, champaneras o perchas son algunos de los objetos comunes en la cotidianeidad hotelera que, procesados por la imaginación de estos jóvenes talentos, han adquirido dimensiones oníricas o literarias. “El hotel contiene las historias de todos sus huéspedes”, explica Martina Carpelan. “No sólo le ofrece una cama durante una noche, sino que es también punto de encuentro, restaurante, bar y club”. Julia Würfing, Maija Ponskari, Niina Aalto, Oliver Beckman y Païvi Niemi son otros de los estudiantes que han aportado productos a este proyecto que, según la Universidad de Helsinki, también indaga en “las necesidades del hábitat contemporáneo y en la identidad de la cultura finlandesa”. Martina Carpelan, de 28 años, se revela ante la consideración de los autores de Helsinki Hotel como aspirantes o wannabee. “Somos 16 estudiantes de diseño en un nivel de master. Dentro de un año, la mayoría estaremos en el terreno profesional. Ya somos diseñadores”. El talento de esta joven finlandesa ya recibió cierta atención en 2002, al ser galardonada en el certamen de diseño que la firma de plásticos Apme convocó a nivel internacional. Para Helsinki Hotel, Martina ha desarrollado dos productos experimentales que recogen atinadamente el espíritu literario de la propuesta. Rise and Sigh es una colección de sábanas que, en función de la postura en la que se haya dormido, imprimen diferentes mensajes en el cuerpo de los huéspedes. Hang-up, por su parte, es una singular colección de perchas que cuestionan la forma estereotipada de estos productos. “Su función no es obvia –explica-, más bien has de considerar o imaginar qué prendas colgar en ellas”.

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1. En King Terry I de Julia Wülfing, el juego de las coronas y las toallas apiladas transmite los conceptos de calidad de servicio y orden asociados a los hoteles.

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2. Royal es una bandeja con almohada para servir caramelos o dulces. Un producto que su autora, Maija Pouskari, relaciona con el lujo.

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3. Concebidas para estancias de una noche, las perchas Hang-Up de Martina Carpelan abarcan una familia con formas para calcetines, corbatas, sujetadores y otros productos.

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4. Con Rise and Sigh, Martina Carpelan especula con el espacio privado de la cama. Los mensajes impresos en la piel dan idea de la atmósfera de la noche anterior.

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5. Para Païvi Niemi, las reglas de la naturaleza preservan lo esencial de la funcionalidad. En 1+1+1=1 ha querido trasladar ese planteamiento al ámbito del mobiliario.

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6. Oliver Backman ha querido, con Horse Bath, crear un producto para el romanticismo cotidiano. Es un champanera con forma de bañera.

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7. Extender y dignificar la función de los vasos desechables de los hoteles. Ése ha sido el objetivo perseguido por Niina Aalto con Everyday Sunday.

Publicado en EXPERIMENTA nº59

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Diseño

Joe Colombo

La irrelevancia del arte

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“Tengo un hijo que se declara artista y otro que reniega de su arte”. De esta forma expresaba la madre de Gianni y Joe Colombo la singular divergencia creativa de sus hijos. Joe Colombo (1931-1971) tuvo una vida breve y una trayectoria fulgurante como diseñador industrial, que se repasa ahora en una exhaustiva antología en el Museo Vitra de Weil am Rhein hasta el 10 de septiembre. Joe –nacido Cesare- comenzó pintando abstracciones inspiradas en las explosiones atómicas. Sin embargo, pronto se convenció a sí mismo de que el arte estaba “muerto” y dedicó su talento a enriquecer una disciplina que, según él, anulaba el arte. “El auténtico diseñador debe ser un técnico en contacto con su tiempo, un experto en personas y en cuestiones científicas”. Responsable de la emergencia de Milán como capital del diseño, Colombo se valió de su aguda inteligencia para intentar erradicar las resacas conceptuales que el arte proyecta sobre el diseño, como la noción de estilo: “Quizás todavía hay un exceso de personalidad en el diseño, pero todo eso ha de desaparecer”. Joe Colombo dibujó ciudades futuristas y condujo coches rápidos. Todo fue rápido en su vida: buscó darle respuestas a las preguntas de su tiempo experimentando con los materiales de su tiempo, como el plástico. Lo hizo huyendo del concepto de estilo, renegando de su arte. Un posicionamiento que explica su colaboradora, Ignazia Favata: “Joe pensaba que el triunfo de la ciencia condenaría el arte a la irrelevancia”.

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Publicado en EXPERIMENTA nº 55

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Nacho Carbonell

La paradójica libertad del nuevo diseñador

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En el teléfono la voz de Nacho Carbonell suena sosegada e ilusionada, sin atisbo de apatía o fatiga, en esta mañana que ha amanecido brumosa en Eindhoven, una ciudad donde, según bromea el propio Nacho, hace tan mal tiempo que sólo apetece trabajar. Digamos: climatología europea contra indisciplina mediterránea. En Valencia, a Nacho le cuesta concentrarse: se está tan bien en la calle que siempre anda por ahí con los colegas. En Eindhoven, reconoce, se siente en “modo trabajo”. Su gentileza, su actitud despojada de profesionalidad al responder al periodista que le llama, resulta estimulante. En un sector donde está de moda que los profesionales se disfracen, donde la personalidad es una tendencia de temporada, es una rara avis.

A Nacho Carbonell por ahora le funciona la estrategia poco estratégica de ser él mismo. Quizás fue el diseñador que más atención atrajo en el pasado Salón Nude, la sección joven de la Feria del Mueble de Valencia. Quizás eso pudo provocar malestar entre compañeros de espacio y/o generación. Quizás. Y quizás es que había motivos. Porque, siendo de la tierra, Nacho se presentó en Nude con su aureola de diseñador holandés, y exhibiendo una mitología proyectual radicalmente inversa a la oficial, a la predominante. Donde todo eran prototipos concebidos para entrar en producción, desarrollados por diseñadores –jóvenes- entrenados para entregarle a la industria lo que la industria necesita, Nacho exhibió unas piezas raras, extravagantes, de estética hipermodernamente artesanal; unas piezas que desprenden un desinterés radical hacia lo que la industria quiere o le importa.

“Estoy en una posición privilegiada, tengo suerte. Ante el interés de la gente, analizo: ¿Qué les cautiva de estos proyectos? Creo que, en gran medida, es porque están realizados a mano. Si estos proyectos se industrializaran, no resultarían tan atrayentes”.

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Puede que una clave para explicar la seducción que provocan los objetos de Nacho sea su naturaleza híbrida. Esa indefinición que muestran, entre el arte y el diseño. Entre la experimentación y la ingenuidad. Si sus colegas del Nude, muchos de ellos paisanos, han asimilado la poderosa tradición local del mueble y están deseosos de transformarla con sus innovadoras estrategias aprendidas en las escuelas de diseño, Nacho, que completó su ortodoxa formación como diseñador valenciano licenciándose en la Universidad CEU San Pablo de la ciudad, llegó al evento perfumado con la fragancia de la heterodoxia, que es un aroma corriente en Eindhoven. Nadie, ni en Valencia ni en España, hace lo que hace Nacho. Quizás el joven –también presente en ese Nude- Alberto Arza. Pero es que Arza es autodidacta. Los diseñadores formados en escuelas –o sea: todos los demás- están en la ideología de la producción. Con Carbonell también se recupera el ciclo de la emigración reciente de los diseñadores valencianos. Un éxodo que propició el asentamiento de Héctor Serrano en Londres; un éxodo del que ya regresaron Culdesac y Herme y Mónica, y que mantiene en viaje de ida y vuelta permanente a Luis Eslava.

La visión del diseño de Nacho Carbonell redefine, en cierta forma, las posibilidades orgánicas de la disciplina. Porque la forma en la que sus proyectos se inspiran en la naturaleza trasciende lo relacionado con la forma. Sus objetos parecen florecer de las ramas de los árboles, de la tierra del suelo. Comparten la sabiduría y la erosión del mundo. Podría decirse que surgen de una atmósfera de olores primarios y crepúsculos nítidos. Si la imperfección puede ser una tendencia orgánica, Carbonell está en primera línea de esa perspectiva. También en la del diseño que se exhibe arropado de discurso, del diseño que estimula la renovación de ideas y juicios establecidos. La sofisticada artesanía de sus piezas está envenenada de interrogantes.

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“Entiendo el diseño como una reflexión”, dice. “Creo en el diseñador como filósofo, en que su papel en la sociedad puede ser el de la llave que abre la puerta a la transformación de los ideales. Con mi trabajo, intento sugerirle a la gente nuevos valores sobre su lugar en el mundo”.

Considerando el delicado equilibrio en el que se sostiene su breve carrera –que comenzó en febrero de 2007, con su graduación en la Academia de Eindhoven-, a Nacho Carbonell también le resulta cercana la preocupación por su propia vocación y profesión. Últimamente se está encontrando con ex compañeros suyos que han accedido a puestos bien considerados y remunerados, en departamentos de diseño de empresas como Philips, y que, sin embargo, están planteándose dejar la profesión. La obsesión por el desarrollo sistemático y no reflexivo de nuevos productos, el ambiente despersonalizado y la espiral competitiva, están entre los motivos. Esta realidad afecta a Nacho, que siente como muy frágil su situación, y que es consciente de que en cualquier momento puede verse en la tesitura de tener que imprimir su currículum y buscar trabajo. De ahí su atrincheramiento en la defensa de una actitud profesional y estética que puede renovar su oficio. Nacho Carbonell ejemplifica al nuevo diseñador. A ese que no está interesado en perpetuar los incesantes hábitos de producción que hoy inundan el planeta de productos replicantes o innecesarios. Nacho es esa clase de profesional que cree que la creatividad y el respeto por el medio ambiente pueden hacernos mejores.

“La figura del diseñador está cambiando. Yo creo que ha llegado el momento de hacer algo nuevo. La gente reacciona positivamente a lo raro o diferente. La gente quiere otras cosas. Vivimos rodeados de un mercado que estimula el diseño como estética, como moda, como tendencia que caduca al final de la temporada. A mí me parece que ha llegado el momento de replantearnos esta forma de actuar. El desgaste del medio ambiente nos va a pasar factura. No hacemos más que joder los recursos y no se percibe aprecio por las cosas. Yo quiero crear objetos atemporales”.

El acabado deliberadamente manual de los muebles de Nacho Carbonell también es una declaración de principios. Puede considerarse una característica que entronca con la ambición del diseñador valenciano de vincularse con una corriente profesional que tiene en Holanda un caldo de cultivo propicio y mimado por las políticas progresistas del estado neerlandés. Nacho es beneficiario de una beca Design Incubator, que le proporciona los miles de euros necesarios para sobrevivir y para darle impulso a su incipiente carrera profesional. Además, ni siquiera tiene que preocuparse del alquiler de su espacio de trabajo, ya que se le ha permitido constituir su estudio en el edificio de una antigua iglesia en Eindhoven, un entorno comunitario que comparte con otros diseñadores recién licenciados. Nacho es consciente de que vive una situación prácticamente idílica, aunque le preocupa que quizás termine el próximo mes de octubre, ya que es posible que no pueda seguir ocupando su espacio en la iglesia. Con Nacho Carbonell se ejemplifica una paradoja que es signo de los tiempos: un diseñador que ha aportado un renovador vendaval de aire fresco no vive de su trabajo, sino de las subvenciones. Justo al contrario que sus compañeros del Salón Nude, esos que andan imbuidos en la continuidad de la tradición productiva. Esos que pueden valerse por sí mismos.

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A Nacho le abrieron la mente las clases de Jurgen Bey durante su primer semestre en la Design Academy Eindhoven. Le sacudieron los valores que traía aprendidos de España. Carbonell considera a Bey una de sus principales influencias, por esa interrogación constante de lo establecido que es característica de autoría del diseñador de Rotterdam. Pero un autor clave en la evolución del valenciano es el también heterodoxo y brillantísimo Maarten Baas. El método de trabajo de Baas, su reformulación de la artesanía, ha calado hondo en la visión del diseño de Carbonell. También porque Baas es un experimentador radical, un autor que fusiona mensaje y controversia en unos objetos de naturaleza ardiente. A veces literalmente ardiente. “De Maarten Baas he aprendido también la importancia de la experimentación”, reflexiona Nacho. “En mi estudio es un valor esencial. Hay que probar y probar hasta que se obtiene un resultado satisfactorio”.

Preguntado por el futuro, Nacho se muestra vacilante. No sabe lo que ocurrirá, aunque sí lo que quiere. Quiere vivir de su trabajo. Quiere continuar como está ahora. En Holanda o en Valencia. “Lo más importante es hacer lo que quieras cuando quieras”. Y estaría bien. Quizás el nuevo diseñador, después de encontrar su espacio ideológico y sus coartadas estéticas, encuentre su espacio comercial. ¿Qué es lo que más valorará Nacho Carbonell, tanto del futuro lejano como del cercano, esté donde esté? La libertad, dice, desde su mañana gris. “La libertad de expresión”.

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Pump it up, 2007. La interacción entre especies es el concepto a partir del cual se desarrolla Pump it up. Al sentarse el usuario, los animales cobran vida y le proporcionan compañía.

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Soft Concrete, 2007. En este diseño, Carbonell introdujo una preocupación habitual en el diseño holandés: cómo el proceso afecta al resultado final. Está producido en hormigón y puede crearse en el lugar donde va a quedar instalado.

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Dream of Sand, 2007. Concebido para ser creado en el lugar donde va a ser instalado –y otorgarle, por tanto, características del entorno-, este banco utiliza la arena como material de diseño. El recubrimiento exterior es de caucho.

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Por las ramas, 2007. Un refugio natural donde el usuario puede sentirse protegido como en un feto. Muy conceptual, este proyecto está producido con bioplásticos, unos materiales utilizados en agricultura que se disuelven de forma natural.

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Hot Kettle, 2008. Una tetera que comunica su estado a través de su lenguaje corporal. Carbonell siguió los principios de dualidad y contradicción del objeto para encontrar su forma.

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Evolution, 2008. Presentada en el pasado Salón de Milán, esta línea de mobiliario conceptual integra diversas metáforas. Las piezas están producidas manualmente con pasta de papel de periódico reciclado sobre estructura de cable metálico. Las tres contienen reflexiones sobre la información y el ritmo de vida contemporáneos.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº4

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ERIC MOREL

Fusión Renovadora

Arte y diseño. Francia, Holanda y Alemania. Humor y rigor. “Cuando diseño, intento asegurarme de que el producto final tendrá una razón para estar ahí. Puede ser emocional, práctica o promocional pero debe contener un mensaje o una historia”. Francés, nacido en 1977, Eric Morel experimenta con la fusión. La instrumentaliza, la busca voluntariamente para darle forma a una concepción del diseño personal, que parece querer contener en la resolución irónica de sus productos algunas de las inquietudes presentes en el entorno de nuestro tiempo. El itinerario de Eric comenzó en la ciudad francesa de Reims, y posteriormente le ha llevado a dos de los centros creativos del continente europeo, Eindhoven y Berlín. “El ‘espíritu holandés’ me ayudó a centrar mi práctica y a agudizar mis habilidades”, explica sobre su experiencia en la Academia de Diseño de Eindhoven. “La Academia fue de mucha ayuda en la formulación de mis propósitos aunque mi visión del diseño se desarrolló antes”. Eric Morel es un profesional paradigma de la joven generación que habla inglés y genera productos con discurso. Colaborador de Nike, Canon o Hitachi, también está muy vinculado a firmas como Atypyk o Vlaemsch, marcas que se caracterizan por su visión innovadora de los complementos de hogar y el mobiliario. Influido por las corrientes del arte contemporáneo, en el proyecto de Eric se entremezclan el grafismo pop de los cómics, la crítica al consumismo y la revisión irónica de los iconos sufrientes del cristianismo. “La religión ha sido el único tema del arte durante 20 siglos y por eso quería traerla al terreno del diseño”, comenta el diseñador desde su estudio en Berlín. “Mi producto Jesus Coat Hanger puede verse como iconoclasta o como evangelizador, dependiendo del punto de vista. Habitualmente la gente lo odia o lo ama y, sin duda, genera reacciones muy interesantes”.

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JESUS COAT HANGER. El segundo diseño de Eric Morel que instrumentaliza la imagen de Jesucristo crucificado, tras Icon, producido por Vlaemsch. Según el diseñador es una reflexión sobre el “lugar de la fe y el consumo en nuestra sociedad”.

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CINESTICKERS. La visión narrativa del diseño de Eric Morel se evidencia en este producto del año 2000. Cinestickers son unos adhesivos que se adaptan a los cristales de las gafas y otorgan a la realidad el formato panorámico de una película.

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PEE TREE. Producido en cerámica, el urinario Pee Tree tiene una muy peculiar forma de árbol que “cuestiona el lugar de la Naturaleza en nuestra sociedad y rememora los instintos masculinos primarios”.

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PULL-CHAINED LAMP. Una pieza de discurso crítico sobre la sociedad de consumo. Morel cuestiona la tendencia del consumidor de valorar lo grande con este “objeto encontrado” formado por una bombilla estándar y 25 metros de cadena.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº 4

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