Babelia, Cómic

Monólogo con fondo urbano

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Cleveland. Harvey Pekar y Joseph Remnant. Traducción de Güido Sender. Gallo Nero. Madrid, 2013. 128 páginas. 18 euros

No fue un escritor de ideas, sino que volvió una y otra vez sobre los temas que tanto le obsesionaban. En la novela gráfica Cleveland, el guionista Harvey Pekar retoma sus fijaciones habituales, que desmenuzó durante décadas en la serie American Splendor, pero el resultado, lejos de ser reiterativo, añade capas de sutileza a su obra de ficción autobiográfica. Si los episodios de American Splendor transmitían el tono inmediato de los diarios personales, Cleveland surge de la memoria neblinosa de un hombre anciano. En sus páginas, el artista Joseph Remnant retrata a un Pekar envejecido, un peatón en el que nadie repara. En plena degradación de su ciudad, el escritor quizás intuía que apenas le quedaba un año de vida.

Cleveland resulta un título idóneo para ubicar a Harvey Pekar como precursor del cómic de autor. Influido por la narrativa autobiográfica, buscó en lo cotidiano, en el propio relato vital, las claves de una poética con la que se comprometió de por vida. Su ejemplo es de manual: el funcionario que desea trascender su vida monótona gracias a la escritura. La nota innovadora fue su apuesta por la historieta como disciplina narrativa. En Cleveland, vuelve a sus filias musicales, sus neuras, su infatigable vida mental, sus divorcios, sus relaciones personales, su empleo, esos cuatro temas que tanto le importaron. Y se recrea en la evocación del escenario confortable y frustrante donde transcurrió toda su vida. En este libro, la cronología de la ciudad de Cleveland se solapa con la biografía de Harvey Pekar, y ambas confluyen hacia el escenario invernal de la recesión.

Para dotar de imágenes a su guión, el escritor eligió a Joseph Remnant, un joven dibujante que ha sabido aportarle una impronta estética renovadora pero imbuida de resonancias referenciales. El abismo generacional que separaba a guionista y dibujante no ha impedido que este sea un tebeo formidable. En el prólogo, el también guionista Alan Moore sugiere que este dibujante es “el más sensible de la estelar lista de colaboradores de Harvey”. Remnant ha explicado que Pekar murió cuando apenas llevaba 20 páginas dibujadas de las 120 del libro. Eso le otorgó una posición de libertad, al interpretar el guión del maestro, pero también una sensación de responsabilidad que le ha pesado durante todo el proceso. Fue decisión de Remnant dibujar a Pekar como un peatón, como figura en movimiento en el escenario precarizado de la ciudad. Era una tradición que los dibujantes de American Splendor, al interpretar los monólogos de Pekar, le retratasen frente a un fondo blanco, pero Remnant ha sabido darle un emotivo dinamismo a Cleveland, que encaja con su tono descriptivo.

Como Pekar, Remnant no fue un lector infantil de tebeos, sino que desarrolló su vocación al estudiar el trabajo de autores underground o alternativos como Robert Crumb o Daniel Clowes. En su estilo de dibujo hay una sugerencia que enlaza con la línea del propio Crumb, e incluso se percibe una aureola nostálgica que lo relaciona con las novelas gráficas de Will Eisner. El joven Remnant, además, mantiene otro hilo emocional con el proyecto: él mismo es oriundo de Dayton, una población de Ohio que puede considerarse una versión en miniatura de la Cleveland de Pekar.

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Un cómic para lectores de novelas

“Lo que yo escribo es autobiografía, tan realista como me es posible”, le confirmaba Pekar al crítico Gary Groth en 1984, en una entrevista recuperada para el lector español por Gallo Nero el año pasado en el librito Tolstoi era un charlatán. Quizás por ser un episodio tratado en la adaptación cinematográfica de American Splendor, Pekar no se detiene demasiado en Cleveland sobre su relación con Robert Crumb. Pero menciona la estancia del dibujante, en los setenta, como muestra de una cierta emergencia temporal de su ciudad, a la que emigraban artistas, profesionales, personas interesantes. Los dos eran fanáticos del jazz y de los antiguos comic-strips. Crumb se ofreció a ilustrar los primeros guiones de Pekar, aunque pronto compartiría ese privilegio con los dibujantes Greg Budgett, Gerry Shamray o Frank Stack, y con los años, con ilustres de paso como Joe Sacco, Eddie Campbell o Richard Corben.

Hace cuarenta años, en un momento histórico donde el cómic se había reducido hasta confundirse con el género de superhéroes, la vocación de inaugurar un ciclo de narraciones gráficas basadas en experiencias reales no era nada corriente. A Pekar le inspiró el impulso de los autores del movimiento underground, pero durante años se quejó amargamente por los miles de dólares que perdía en la empresa ruinosa de autoeditar sus propios tebeos. “American Splendor parece un cómic, pero el contenido no es el que se espera de ellos”, reflexionaba en la entrevista con Gary Groth. “Y eso supone un problema en la medida en que los lectores habituales de cómic no se interesan por él y los lectores de novela –a quienes podría gustarle– ni siquiera saben que existe”.

Con los años, se crearía el público que ansiaba para sus tebeos, y él mismo diversificaría su producción en títulos como Macedonia o The Beats. Con la reformulación del cómic como material de librería y no de kiosko, su labor adquiere un nuevo protagonismo. Cleveland supone una introducción idónea para el lector interesado en la obra de Harvey Pekar.

Publicado con el título ‘Vida de un peatón’ en Babelia 1.150, EL PAÍS 07/12/13

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