Babelia, Cómic

Delicias japonesas

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Integrado de pleno derecho en el paisaje de fondo del mercado editorial en España, el manga o cómic japonés sufre también las tensiones de un medio dividido entre su tradición de entretenimiento popular y la evolución hacia estrategias expresivas de mayor calado. Yoshihiro Tatsumi o Shigueru Mizuki son autores representativos de la utopía cumplida del cómic de autor realmente complejo, literario. Mizuki, en concreto, está de plena actualidad por la publicación de su ambiciosa Autobiografía, donde narra sus experiencias como combatiente en la Segunda Guerra Mundial, además de por la reedición de su combativo Hitler. La novela gráfica.

Pero si hay un mangaka que supo intuir las posibilidades del cómic como novela total ese fue Osamu Tezuka. En El libro de los insectos humanos es significativo el contraste entre el estilo gráfico de Tezuka, idóneo para sus maravillosas ficciones infantiles tipo Astro Boy, con la intrincada trama de ambición contemporánea que se narra en sus páginas. Prepublicado en 1970 en una revista popular, El libro de los insectos humanos cobra auténtico sentido en formato novela gráfica, como narración extensa y autocontenida. La historia, como digo, parece de ahora mismo: una misteriosa joven se apropia de los logros diversos de personas cercanas, como “mariposa en perpetua metamorfosis” en busca del reconocimiento social.

La amplísima difusión del cómic en Japón propicia que existan mangas con todo tipo de temáticas y orientaciones argumentales. El perro enamorado de las estrellas es un libro de Takashi Murakami (no confundir con el artista plástico del mismo nombre), que cuenta cuatro historias interrelacionadas de fraternidad entre personas y perros. Es un cómic inusual, sorprendente, de sentimientos exhibidos con propósito de catarsis. En las cuatro historias, la lealtad incondicional de los canes propicia las redenciones íntimas de sus dueños. Murakami cuenta su historia con un tipo de dibujo sencillo y efectivo, realista, recreándose en la expresividad de los perros, en su alegría desbocada y melancolías sinceras. Algún relato resulta triste, pero el dibujante sabe mantener el tono emotivo y no desviarse hacia la atracción fácil de la sensiblería.

En el extremo inverso, como versión asequible de la oscuridad malsana que contamina los universos de Shintaro Kago o Usumaru Furuya, está la serie de terror I am a Hero. El mangaka Kengo Hanazawa ofrece en sus tres primeros volúmenes un recital caudaloso de narración gráfica, con la coartada del advenimiento del Apocalipsis zombie en un país de ciudadanos muy poco heroicos.

Publicado en BABELIA nº 1.135, EL PAÍS, 24/08/2013

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