Babelia, Cómic

Las bombas que nos llueven por dentro

Javier Montesol regresa al cómic con ‘Speak Low’, una dura novela gráfica de madurez sobre el dolor y su superación

En las primeras páginas de Speak Low, Javier Montesol dibuja, sobre el escenario en claroscuro de un night-club, a una posible diva del jazz, que le canta al micrófono, con dulzura: “Háblame bajo y háblame de amor…” Es un arranque muy suave y estético, en cierta forma cinematográfico, y puede leerse como un prólogo de lirismo sedante previo al capítulo titulado ‘Dolor’, que marcará el tono de las durísimas 160 páginas de esta novela gráfica. Speak Low supone el regreso al cómic de un hijo pródigo, Francisco Javier Ballester, Montesol, dibujante destacado de la movida barcelonesa de los setenta y ochenta y pintor de delicadas visiones impresionistas en las décadas siguientes; un creador que ha vuelto a la disciplina de su juventud movido por la necesidad visceral de contar una historia que le incendiaba por dentro. “Durante años, sufrí mucho al creer que pintura y cómic eran lenguajes diferentes. Al final he entendido que es Montesol quien pinta o hace un cómic, y punto”, reflexiona el artista, a través del correo electrónico. En diciembre, Montesol cumplirá los sesenta años.

Las viñetas de entonces. En 1972, el veinteañero Montesol abandona sus estudios universitarios en una ciudad, Barcelona, donde estaba todo por hacer. Un grupo de jovencísimos artistas, vividores, y todo tipo de entes creativos, incluyendo a editores como Joan Navarro, Rafa Martínez o Josep María Berenguer –recientemente fallecido– buscaban marcar la diferencia, y nuestro hombre estaba en primera fila de esa vanguardia. “Los 70 y los 80 son los años de mi juventud; para mi los 70 son mucho más interesantes a nivel cultural que los 80, más arriesgados, valientes y difíciles de sobrevivir”. Montesol fue uno de los fundadores de la revista Star, formó parte del colectivo El Rrollo Enmascarado, y colaboró en revistas esenciales de la modernidad como El Víbora, Cairo, Makoki o Bésame mucho. En veinte años de producción, nuestro autor navegó en aguas diversas, diversificando intereses y estéticas. Sus colaboraciones en El Víbora participaban del espíritu punk, gamberro y nihilista característico de esa publicación; mientras en Cairo mostró una faceta más accesible, acorde al tono literario y estético de una revista que buscaba conectar con la juventud progresista y cultivada de la época.

“A mediados de los 80 conozco a la que será mi mujer y nacen mis hijos; para mí supone el fin de una época y el principio de otra”, rememora Montesol. “Otra sensación importante que conservo de entonces, es que de repente el dinero toma una importancia que antes no tenía y todo se acelera, como si en España hubiésemos pasado de cenar tortilla de patata a cenar cocaína”. En esos años, Montesol realizó los cómics y series Neo y Post y Vidas Ejemplares, y hasta ejerció como guionista para el dibujante Roger, en la serie de aventuras Destino Gris. Son especialmente emblemáticas Fin de semana y La Noche de Siempre, dos historias sobre la “movida barcelonesa” con guión de Ramón de España que aparecieron serializadas en Cairo y Bésame mucho, y que la editorial EDT tiene previsto reeditar este 2012, como prueba de su vigencia.

Barcelona se preparaba para el gran orgasmo del 92, pero Montesol, entre la fascinación por su ciudad natal y un malestar interno de autocrítica, no quiso participar. En el prólogo de la recopilación Opisso y Dora (Editorial Complot, 1990), el periodista Jordi Costa reflexionaba sobre “la potestad de Montesol para retratar certeramente la urbe barcelonesa”. Resuelto con un dibujo de pura y dura línea clara, Opiso y Dora es un manual de uso de los años del cambio de década, que retrata la vida hedonista y modernísima de la Barcelona previa al acontecimiento olímpico. “Yo no quería ni oír hablar de cómic”, recuerda Montesol, que acumulaba varias fracturas espirituales, por entonces: respecto a su ciudad, pero también a su profesión. “Dejé el cómic porque no se conseguía el objetivo que se buscaba, lectores y difusión para nuevas historias para adultos. La necesidad de color y la pintura se hicieron importantes y cambié de medio de expresión”. Opisso y Dora supuso su despedida del universo de las viñetas, y anticipó el exilio físico voluntario de Montesol, que se retiró en el mismo año 92 a la Bretaña francesa, a procesar sobre el lienzo su necesidad de ser pintor.

Presente de dolor y redención. A los aficionados al cómic, Speak Low nos ha devuelto a un Montesol muy diferente, desdibujado, crudo e intenso, veinte años después. Si en su última época como historietista su estilo adoptó características evidentes de línea clara –ese concepto de dibujo de cómic minimalista y dinámico acuñado por el dibujante holandés Joost Swarte–, en Speak Low de aquello no queda ya nada. A partir de las ruinas arrasadas de ese estilo geométrico e ingenuo, Montesol ha construido las tensas viñetas, paisajes y personajes que pueblan las páginas de este cómic. Crudo, informe, basto, palpitante, afilado, urgente, impresionista, son algunos de los posibles adjetivos que definen este nuevo grafismo de Montesol como historietista maduro. El autor parece liberado al  haber podido trabajar de este modo. La historia lo agradece: Speak Low es el relato de un hombre de mediana edad, claro trasunto del artista, que vive envenenado de angustia por la muerte trágica de un hijo y por la memoria del “dolor heredado” de su padre, combatiente en la Guerra Civil española. ¿Puede ser el dibujo una forma de autobiografía?

Speak Low está realizado directamente con pincel y tinta china sobre papel de bocetos Din A-3. Si algo no funcionaba, lo hacía otra vez: recortar y pegar. Venía muy suelto de la pintura y no podía volver a trabajar como antes; este dibujo es pura expresión sin complejos, y pienso que se adapta al nuevo concepto de novela gráfica: mis páginas son como los manuscritos de un escritor. No es urgencia lo que hay en mi dibujo, lo que hay son ganas de no perder el tiempo. Como decía Kokoschka, pintando no hay tiempo para deleitarse”.

Hay un acontecimiento clave en Speak Low: la muerte del hijo. Está en las primeras páginas, resueltas con unas pinceladas agresivas y violentas. El lector lo lee como quien visiona una pesadilla ajena: la confusión en la discoteca, la crueldad de los matones juveniles, el muchacho que se precipita desesperado en la autopista nocturna y sufre sucesivos atropellos. Esa es la chispa que incendia el dolor del narrador, tan parecido al autor. “Cuando adquieres la condición de padre y te toca… te aseguro que el dolor es tan nuevo y desconocido, que no se puede soportar”, se dice en un diálogo de un capítulo posterior. Para ilustrar esa sensación de pérdida fulgurante, Montesol recurre con belleza, en un pasaje del libro, a la leyenda mitológica de Faetón, el hijo de Apolo fulminado por Júpiter, un ser de luz que se apaga demasiado rápido. También, en otras páginas, vinculado a ese dolor heredado y críptico que transportan dentro los españoles hijos de combatientes en la guerra del 36, resume en una página-cartel el espíritu de nuestros días: “Ahora nos llueven bombas por dentro”.

“Este libro es una obra de madurez; diría que para hacerla he necesitado vivir, vivir da argumento. He vivido, me han pasado cosas: un hijo enfermo de cáncer, mueren seres cercanos y queridos, España entra en el vacío, socios y amigos se convierten en zombies, estamos en guerra y no sabemos quien es el enemigo… En efecto, en este conflicto nuevo, nos llueven bombas por dentro. Speak Low es una reflexión sobre el dolor, su sentido y superación gracias a la lucidez y el amor hacia el hecho de vivir”.

Para aprender a novelar y moldear como materia narrativa esos sentimientos negrísimos que le embargaban, el artista se apoyó en La escritura o la vida, de Jorge Semprún, y en Faulkner, dos referentes que le guiaron en su “búsqueda de sentido trascendente”. Montesol garabateó páginas sin tregua y arrojó muchas a la papelera, hasta que, con la ayuda de su mujer, encontró un proyecto de libro posible. La creación de Speak Low ha sido también un viaje enriquecedor en lo creativo, donde el pintor prestigioso se ha reencontrado y reconciliado con el dibujante de tebeos. “Mi experiencia como pintor me ha aportado mucho”, reflexiona, “sobre todo libertad de expresión y salir de la viñeta. Mi pintura es gestual, por lo que me ha ayudado a estar suelto con el dibujo”. Tras el doliente viaje heroico, el protagonista del libro obtiene un símbolo de redención inesperado, un giro argumental que supone “dejar la historia en manos del ciclo de la vida”. Como su criatura de ficción, también el autor ha obtenido una recompensa por embarcarse en esta experiencia de creación y renovación: “Convertir en literatura esa carga de emociones me ayudó a sanar”, reconoce.

La pintura de Montesol es delicada y explosiva; sus temas, reconocibles: paisajes urbanos o escenas de tauromaquia, inundados y realzados por una impronta cromática muy poderosa. El artista parece obsesionado por los volúmenes de color. Que Speak Low esté realizada en un blanco y negro radical quizás resulte significativo, y abra una nueva vía creativa que el artista/autor necesitaba perpetrar. A día de hoy, Montesol parece un señor muy lúcido y consciente, un apasionado de su arte con afán de comunicación, que ha encontrado en las redes sociales un canal íntimo para ofrecer a amigos reales y virtuales sus improvisaciones, bocetos y reflexiones gráficas sobre lo divino y lo humano. “Me recuerda a la relación social de los 70”, concluye, “cuando te relacionabas con los demás en los bares y a través de publicaciones marginales y pensabas que esa era la única realidad y que los periódicos y la tele eran para la gente que no se enteraba de nada. Ahora con las redes sociales, vuelvo a tener esa sensación”.

Speak Low. Javier Montesol. Sinsentido. Madrid, 2012. 160 páginas. 24 euros

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Publicado en BABELIA nº 1.078. EL PAÍS, 21/07/12

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