Televisión

Série Noire

BLACK MIRROR, Pornografía en la mirada

Dos años después de Dead Set, la nueva sacudida que nos proporciona la televisión británica se llama Black Mirror. En ambas miniseries, concebidas por el crítico televisivo Charlie Brooker, se vapulea la ficción de género para forzar al extenuado espectador a reflexionar sobre los media y sobre la influencia de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Si ustedes recuerdan, el argumento de peli de miedo de Dead Set era tan simple como diabólicamente efectivo: un Apocalipsis zombie asolaba las Islas Británicas y solo quedaban vivos los personajillos encerrados en la casa del programa Gran Hermano. En Black Mirror, la premisa de Brooker es más amplia pero al mismo tiempo más minimalista: esta miniserie consta de apenas tres episodios autoconclusivos, donde diferentes concepciones de la ciencia-ficción sirven para vehicular agresivas reflexiones sobre la pérdida de la intimidad y sobre la inexorable digitalización de nuestras vidas que propician las redes sociales.

Se respira un trasfondo pornográfico en los tres episodios de Black Mirror: en todos es esencial el sexo o la violencia registrada, y en todos hay ojos envenenados de lujuria o de asco observando un mundo de pantallas. Ya es famoso, mes y medio después de su emisión, el argumento ballardiano del primer capítulo, The National Anthem: el primer ministro británico es obligado a mantener relaciones sexuales con un cerdo ante las cámaras de la televisión pública. Un guión resuelto como viaje heroico que hiela la sangre por la lucidez de su desarrollo. Por su parte, los siguientes episodios contienen elementos más visibles de ficción científica, como el segundo, 15 Million Merits; su estética futurista actualiza a Orwell y Huxley para ilustrarnos sobre nuestra tecnificada existencia en la era del fin del trabajo. Por último, The Entire Story of You es quizás la más sutil y devastadora de las tres entregas, especialmente en estas semanas en que Facebook estrena nueva interfaz y llega a Wall Street como gran esperanza de negocio redondo.

Publicado en CARTELERA TURIA

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Cómic, Cine

RDL 2011

EL PEQUEÑO CHRISTIAN

Blutch / Norma Editorial

Los que primero leímos “La voluptuosidad” pensamos que así eran todos los tebeos de Blutch (Estrasburgo, 1967): densos y fascinantes, infectados de tortuosas oscuridades eróticas, pero de nuevo en “El pequeño Christian” nos descacharra el autor con su humor cercano y chulifresco, con su vacile burlón. En “El pequeño Christian” se fabula Blutch a sí mismo, y recuerda con cachondeo su infancia de niño ácido, fantasioso y enamoradizo. Blutch fue galardonado con el premio al autor más importante en el Salón del Cómic más relevante de Francia, el de Angulême, en 2009. Poca broma, pues. En este volumen de Norma se recopilan las dos etapas de “Christian”, separadas por un paréntesis de diez años, y en ambas se palpa el regocijo del historietista ante su propia habilidad como dibujante.

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PRISIONERO EN MAUTHAUSEN

Toni Carbos & Javier Cosnava / Edicions de Ponent

Novela gráfica inusual, necesaria, “Prisionero en Mauthausen” se inscribe en un ambicioso proyecto multidisciplinar impulsado por el escritor Javier Cosnava, a quien se describe en la solapa de este libro como “interesado especialmente por la Segunda Guerra Mundial”. Cosnava ya ha publicado novelas y cómics sobre el nazismo, y su aportación es muy pertinente, justo ahora, cuanto tanto se debate sobre memoria histórica: Mauthausen fue el campo de concentración donde terminaron muchos represaliados españoles. El guión recrea la cotidianeidad de barbarie que se debió respirar en ese campo, pero a pesar de su dureza no tensa la cuerda del sentimentalismo. Por su parte, el estilo cartoon de Toni Carbos aporta una distancia melancólica que recuerda a la obtenida por Osamu Tezuka en “Adolf”.

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FLUJO

Dave Cooper / Ediciones La Cúpula

Los tebeos de Dave Cooper (Canadá, 1967), bestia parda de la belleza repugnante, resultan poderosamente personales, pero en “Flujo” además se siente la influencia pajillero-cotidiana de Chester Brown o Joe Matt, y hay algo de la sordidez ambiental de Daniel Clowes, y por supuesto la obsesión erótica que vertebra el libro es totalmente Robert Crumb. “Flujo” narra el arrebato de amor loco de un pintor treintañero por su modelo, una gordita vulgar, zafia, desagradable y chunga, que sin embargo a él le enciende la sangre y le nubla la razón. Publicado en 2003, este libro es una pequeña joya exclusiva, ya que el muy talentoso Cooper está por ahora retirado de los tebeos y ocupado con disciplinas más rentables como la ilustración infantil, la publicidad o los dibujos animados mainstream.

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LA PROTECTORA

Keko / Edicions de Ponent

Resulta casi predecible definir a Jose Antonio Godoy, Keko (Madrid, 1963), de  superviviente y francotirador, pero ahí están su trayectoria y sus libros para dejar constancia del papel relevante que desempeña, desde los 80, en el cómic español de vanguardia. En “La protectora”, Keko parece querer crear una obra más narrativa que en sus libros anteriores, “Cuatro Botas” (2003) y “La casa del muerto” (2006), fascinantes experimentos esteticistas de reciclaje de materiales, pero no hay más que asomarse a esta pesadilla de afilados claroscuros para entender que es una coherente continuación. “La protectora” pretende ser una segunda parte de “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James, realizada por un superdotado de lo gráfico que ha trabajado “desde la más absoluta falta de respeto por el autor y su novela”.

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CONAN EL BÁRBARO

Dirigida por Marcus Nispel / Con Jason Momoa, Ron Perlman y Rose McGowan

De nuevo el “Conan” de 2011 reescribe el origen del personaje, y comete por tanto un error similar al del viejo y árido “Conan” de Milius y Schwarzenegger (1982). ¿Corrección política? Se suponía que Conan es un bruto noble sin demasiadas preocupaciones morales; pero los primeros minutos de esta versión están dedicados a generar un “origen secreto”, a otorgar al personaje un bagaje de injusticia que le transformará en un guerrero de maneras brutales –faltaría más–, pero recto y ecuánime. Por suerte, lo que parecía la “domesticación” de un arquetipo polémico se diluye en alguna reescritura del libreto, y quizás en ello ha sido clave Marcus Nispel, realizador de oscurísimas joyas como “Pathfinder” (2007) o las actualizaciones de “La matanza de Texas” (2003) y “Viernes 13” (2009). Gozosamente, Nispel sazona su película con numerosos pezones, violencia exacerbada, referencias indianajonescas y algún que otro bichejo lovecraftiano, importado directamente del background de Conan como fetiche de los pulp de los años 30 y de los cómics Marvel de los 70. Además del brío notable de Jason Momoa, este “Conan el Bárbaro” contiene mucha más diversión de la intuida en el primer cuarto de hora de metraje.

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X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN

Dirigida por Matthew Vaughn / Con James McAvoy, Michael Fassbender, Rose Byrne y January Jones

¿Y si un enérgico y juvenil Profesor Xavier hubiese dirigido a los X-Men primigenios? Un poco con ese argumento de episodio what if, el cineasta Bryan Singer –responsable de los dos primeros “X-Men” (2000 y 2003)— ha fabulado un guión donde instaura una emotiva nueva continuidad para los mutantes cinematográficos, que Matthew Vaughn ha interpretado en imágenes con un entusiasmo muy de fan. Entre el acelerado, divertidísimo e intrascendente Iron Man de Jon Favreau (2008 y 2010), y el Batman pretencioso y grandilocuente de Christopher Nolan (2005 y 2008), justo en medio de ese yin y yan de las posibilidades del género, se sitúa el emotivo capítulo sixties cool de Vaughn.

Metáfora y entertainment, “Primera generación” se pone dramática con la dualidad entre el idealista carismático James McAvoy y el dubitativo shakesperiano –en su justo medida— Michael Fassbender, pero por mucho que el Profesor Xavier y Magneto debatan sobre integración y/o secesionismo, la acción no se detiene nunca. Esta película parece cortada a medida de ese lema de los 70 que volvió míticos a los X-Men en los cómics: Odiados y temidos por un mundo que han jurado proteger.

La gran baza del film de Vaughn es, quizás, también su mayor tara: la acumulación de personajes superpoderosos. Tantos y tan bien diseñados: Zoë Kravitz como Angel, el divertido Banshee o el pérfido Sebastian Shaw –padre oscuro de un Magneto padawan seducido por el lado terrorista de la vida— constituyen un plus para el lector conocedor del universo mutante, pero en ocasiones se huele el teatrillo en los planos abigarrados de tantos actores disfrazados. En todo caso, conviene no perderse los cameos de Hugh Jackman y, sobre todo, de Rebecca Romijn, de nuevo como Mística, durante apenas un segundo de metraje.

Reseñas publicadas en ROCKDELUX durante 2011

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