Cine

Antes que el diablo sepa que has muerto

Dir: Sidney Lumet
Con Philip Seymour Hoffmann, Ethan Hawke y Albert Finney

Ambientada en Nueva York, ciudad/metáfora donde la asfixia económica es moneda corriente, “Antes que el diablo sepa que has muerto” obtiene su exuberancia narrativa de una electrizante convergencia: la del bagaje teatral del guionista Kelly Masterson y la del formidable bagaje cinematográfico de Sidney Lumet. Según Masterson, el título de trabajo de su proyecto era “Obsesión”, un dato que ejemplifica sus intenciones narrativas. Considera este escritor que las personas no podemos evadirnos de nuestros fangos mentales con decisiones triviales, y así pues, para liberar a sus criaturas las somete a catarsis severas. Masterson ha sabido inocularle el Shakespeare justo a esta peli de atraco chungo donde todo va mal: situado en el puro centro de la historia, el inteligente personaje de Philip Seymour Hoffmann es shakespeariano porque se describe a sí mismo en voz alta con palabras que evidencian su condición de ente fragmentado, en conflicto, que asume el caos como estrategia ante una existencia que no es capaz de entender.

“Antes que el diablo sepa que has muerto” también es género negro del bueno porque va de personajes y no de atracos. Aunque el atraco sea la espina dorsal de su argumento. Es una película de pulso vibrante, rodada por un señor octogenario que mueve la cámara como un jovencito cargado de furia y afán de justicia. Parece clara la ambición de Masterson y Lumet de trascender el género, de otorgar auténtica categoría psicológica y documental a la anécdota de dos pijos cuarentones que deciden darle el palo a la joyería de sus padres. En el trayecto, el director de “Serpico” y “Tarde de perros” añade nuevas densidades a la fragmentación narrativa de “Atraco Perfecto” y “Jackie Brown” y define relaciones insospechadas entre cine y arquitectura al encerrar/mover a los personajes en los espacios en los que viven e interactúan. Su manifiesto de la fatalidad no habría sido igual sin la entrega de unos actores que templan el verismo neurótico del relato.

Publicado en ROCKDELUX nº 278

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