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Nacho Carbonell

La paradójica libertad del nuevo diseñador

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En el teléfono la voz de Nacho Carbonell suena sosegada e ilusionada, sin atisbo de apatía o fatiga, en esta mañana que ha amanecido brumosa en Eindhoven, una ciudad donde, según bromea el propio Nacho, hace tan mal tiempo que sólo apetece trabajar. Digamos: climatología europea contra indisciplina mediterránea. En Valencia, a Nacho le cuesta concentrarse: se está tan bien en la calle que siempre anda por ahí con los colegas. En Eindhoven, reconoce, se siente en “modo trabajo”. Su gentileza, su actitud despojada de profesionalidad al responder al periodista que le llama, resulta estimulante. En un sector donde está de moda que los profesionales se disfracen, donde la personalidad es una tendencia de temporada, es una rara avis.

A Nacho Carbonell por ahora le funciona la estrategia poco estratégica de ser él mismo. Quizás fue el diseñador que más atención atrajo en el pasado Salón Nude, la sección joven de la Feria del Mueble de Valencia. Quizás eso pudo provocar malestar entre compañeros de espacio y/o generación. Quizás. Y quizás es que había motivos. Porque, siendo de la tierra, Nacho se presentó en Nude con su aureola de diseñador holandés, y exhibiendo una mitología proyectual radicalmente inversa a la oficial, a la predominante. Donde todo eran prototipos concebidos para entrar en producción, desarrollados por diseñadores –jóvenes- entrenados para entregarle a la industria lo que la industria necesita, Nacho exhibió unas piezas raras, extravagantes, de estética hipermodernamente artesanal; unas piezas que desprenden un desinterés radical hacia lo que la industria quiere o le importa.

“Estoy en una posición privilegiada, tengo suerte. Ante el interés de la gente, analizo: ¿Qué les cautiva de estos proyectos? Creo que, en gran medida, es porque están realizados a mano. Si estos proyectos se industrializaran, no resultarían tan atrayentes”.

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Puede que una clave para explicar la seducción que provocan los objetos de Nacho sea su naturaleza híbrida. Esa indefinición que muestran, entre el arte y el diseño. Entre la experimentación y la ingenuidad. Si sus colegas del Nude, muchos de ellos paisanos, han asimilado la poderosa tradición local del mueble y están deseosos de transformarla con sus innovadoras estrategias aprendidas en las escuelas de diseño, Nacho, que completó su ortodoxa formación como diseñador valenciano licenciándose en la Universidad CEU San Pablo de la ciudad, llegó al evento perfumado con la fragancia de la heterodoxia, que es un aroma corriente en Eindhoven. Nadie, ni en Valencia ni en España, hace lo que hace Nacho. Quizás el joven –también presente en ese Nude- Alberto Arza. Pero es que Arza es autodidacta. Los diseñadores formados en escuelas –o sea: todos los demás- están en la ideología de la producción. Con Carbonell también se recupera el ciclo de la emigración reciente de los diseñadores valencianos. Un éxodo que propició el asentamiento de Héctor Serrano en Londres; un éxodo del que ya regresaron Culdesac y Herme y Mónica, y que mantiene en viaje de ida y vuelta permanente a Luis Eslava.

La visión del diseño de Nacho Carbonell redefine, en cierta forma, las posibilidades orgánicas de la disciplina. Porque la forma en la que sus proyectos se inspiran en la naturaleza trasciende lo relacionado con la forma. Sus objetos parecen florecer de las ramas de los árboles, de la tierra del suelo. Comparten la sabiduría y la erosión del mundo. Podría decirse que surgen de una atmósfera de olores primarios y crepúsculos nítidos. Si la imperfección puede ser una tendencia orgánica, Carbonell está en primera línea de esa perspectiva. También en la del diseño que se exhibe arropado de discurso, del diseño que estimula la renovación de ideas y juicios establecidos. La sofisticada artesanía de sus piezas está envenenada de interrogantes.

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“Entiendo el diseño como una reflexión”, dice. “Creo en el diseñador como filósofo, en que su papel en la sociedad puede ser el de la llave que abre la puerta a la transformación de los ideales. Con mi trabajo, intento sugerirle a la gente nuevos valores sobre su lugar en el mundo”.

Considerando el delicado equilibrio en el que se sostiene su breve carrera –que comenzó en febrero de 2007, con su graduación en la Academia de Eindhoven-, a Nacho Carbonell también le resulta cercana la preocupación por su propia vocación y profesión. Últimamente se está encontrando con ex compañeros suyos que han accedido a puestos bien considerados y remunerados, en departamentos de diseño de empresas como Philips, y que, sin embargo, están planteándose dejar la profesión. La obsesión por el desarrollo sistemático y no reflexivo de nuevos productos, el ambiente despersonalizado y la espiral competitiva, están entre los motivos. Esta realidad afecta a Nacho, que siente como muy frágil su situación, y que es consciente de que en cualquier momento puede verse en la tesitura de tener que imprimir su currículum y buscar trabajo. De ahí su atrincheramiento en la defensa de una actitud profesional y estética que puede renovar su oficio. Nacho Carbonell ejemplifica al nuevo diseñador. A ese que no está interesado en perpetuar los incesantes hábitos de producción que hoy inundan el planeta de productos replicantes o innecesarios. Nacho es esa clase de profesional que cree que la creatividad y el respeto por el medio ambiente pueden hacernos mejores.

“La figura del diseñador está cambiando. Yo creo que ha llegado el momento de hacer algo nuevo. La gente reacciona positivamente a lo raro o diferente. La gente quiere otras cosas. Vivimos rodeados de un mercado que estimula el diseño como estética, como moda, como tendencia que caduca al final de la temporada. A mí me parece que ha llegado el momento de replantearnos esta forma de actuar. El desgaste del medio ambiente nos va a pasar factura. No hacemos más que joder los recursos y no se percibe aprecio por las cosas. Yo quiero crear objetos atemporales”.

El acabado deliberadamente manual de los muebles de Nacho Carbonell también es una declaración de principios. Puede considerarse una característica que entronca con la ambición del diseñador valenciano de vincularse con una corriente profesional que tiene en Holanda un caldo de cultivo propicio y mimado por las políticas progresistas del estado neerlandés. Nacho es beneficiario de una beca Design Incubator, que le proporciona los miles de euros necesarios para sobrevivir y para darle impulso a su incipiente carrera profesional. Además, ni siquiera tiene que preocuparse del alquiler de su espacio de trabajo, ya que se le ha permitido constituir su estudio en el edificio de una antigua iglesia en Eindhoven, un entorno comunitario que comparte con otros diseñadores recién licenciados. Nacho es consciente de que vive una situación prácticamente idílica, aunque le preocupa que quizás termine el próximo mes de octubre, ya que es posible que no pueda seguir ocupando su espacio en la iglesia. Con Nacho Carbonell se ejemplifica una paradoja que es signo de los tiempos: un diseñador que ha aportado un renovador vendaval de aire fresco no vive de su trabajo, sino de las subvenciones. Justo al contrario que sus compañeros del Salón Nude, esos que andan imbuidos en la continuidad de la tradición productiva. Esos que pueden valerse por sí mismos.

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A Nacho le abrieron la mente las clases de Jurgen Bey durante su primer semestre en la Design Academy Eindhoven. Le sacudieron los valores que traía aprendidos de España. Carbonell considera a Bey una de sus principales influencias, por esa interrogación constante de lo establecido que es característica de autoría del diseñador de Rotterdam. Pero un autor clave en la evolución del valenciano es el también heterodoxo y brillantísimo Maarten Baas. El método de trabajo de Baas, su reformulación de la artesanía, ha calado hondo en la visión del diseño de Carbonell. También porque Baas es un experimentador radical, un autor que fusiona mensaje y controversia en unos objetos de naturaleza ardiente. A veces literalmente ardiente. “De Maarten Baas he aprendido también la importancia de la experimentación”, reflexiona Nacho. “En mi estudio es un valor esencial. Hay que probar y probar hasta que se obtiene un resultado satisfactorio”.

Preguntado por el futuro, Nacho se muestra vacilante. No sabe lo que ocurrirá, aunque sí lo que quiere. Quiere vivir de su trabajo. Quiere continuar como está ahora. En Holanda o en Valencia. “Lo más importante es hacer lo que quieras cuando quieras”. Y estaría bien. Quizás el nuevo diseñador, después de encontrar su espacio ideológico y sus coartadas estéticas, encuentre su espacio comercial. ¿Qué es lo que más valorará Nacho Carbonell, tanto del futuro lejano como del cercano, esté donde esté? La libertad, dice, desde su mañana gris. “La libertad de expresión”.

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Pump it up, 2007. La interacción entre especies es el concepto a partir del cual se desarrolla Pump it up. Al sentarse el usuario, los animales cobran vida y le proporcionan compañía.

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Soft Concrete, 2007. En este diseño, Carbonell introdujo una preocupación habitual en el diseño holandés: cómo el proceso afecta al resultado final. Está producido en hormigón y puede crearse en el lugar donde va a quedar instalado.

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Dream of Sand, 2007. Concebido para ser creado en el lugar donde va a ser instalado –y otorgarle, por tanto, características del entorno-, este banco utiliza la arena como material de diseño. El recubrimiento exterior es de caucho.

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Por las ramas, 2007. Un refugio natural donde el usuario puede sentirse protegido como en un feto. Muy conceptual, este proyecto está producido con bioplásticos, unos materiales utilizados en agricultura que se disuelven de forma natural.

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Hot Kettle, 2008. Una tetera que comunica su estado a través de su lenguaje corporal. Carbonell siguió los principios de dualidad y contradicción del objeto para encontrar su forma.

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Evolution, 2008. Presentada en el pasado Salón de Milán, esta línea de mobiliario conceptual integra diversas metáforas. Las piezas están producidas manualmente con pasta de papel de periódico reciclado sobre estructura de cable metálico. Las tres contienen reflexiones sobre la información y el ritmo de vida contemporáneos.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº4

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