Literatura

La intimidad del anciano

CUADROS DE BRUEGHEL
William Carlos Williams
Lumen. Barcelona, 2007

Quizás está por revisar el tópico que vincula poesía con juventud. Estaría bien, acaso, reconsiderar esas frases recurrentes que hablan de la limpieza de la mente, que relacionan el vigor de la vida breve con la expresión certera, intocable. Rimbaud y Neruda en primer término, y luego seguimos. Está por redefinirse, y quizás redescubrirse, la lírica en la mirada domesticada por los pliegues de la vida. Con Cuadros de Brueghel, William Carlos Williams ha creado un artefacto que casi es paradigmático de esta cuestión. Los suyos son poemas de anciano: serenos, sin melancolía ni arritmias, sin arrebatos de inmadurez. Poemas de tersa perfección.

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Después de todo, tiene cierta lógica. Porque el joven escribe y vive. Su trabajo literario ha de estar, necesariamente, contaminado por su experimentación con el entorno. Pero el anciano, sin embargo, escribe y recuerda. Vive acaso menos y vive de otra forma, con mesura. Ya no se siente atraído por fuegos fatuos, se queda con la esencia. Es sabio sin artificios, no necesita sobreactuar. Quizás podría temerse por una cierta afectación melancólica, pero no hay tal. No es ése un mal que aqueje a William Carlos Williams. Incluso cuando hunde el verso en su adolescencia, y recrea, por ejemplo, un momento de intimidad con una muchacha de aquel tiempo, no hay tendenciosidad en su mirada. A este poeta crepuscular sólo le queda la luz del recuerdo. No se esfuerza en deformar ni en “melancolizar”.

Hay, por ejemplo, humor en este libro. Uno que surge de la serenidad. El humor de la sabiduría: “Ociosamente / alternando su peso / entre un pie / y el otro / moviéndose / para evitar mirarme / mientras voy sonriendo / a enviar una carta / a un amigo”. Hay, también, interpretación de la cotidianidad, entendida ésta como una cuestión amplia, que incluso atañe a los sueños que rememoran vivencias de la adolescencia. Podríamos afirmar que Cuadros de Brueghel, sin tener una estructura rígida, habla de varias cuestiones: de la intimidad y el entorno del anciano, de la persistencia de determinadas imágenes de su juventud, de la observación de la naturaleza y, también, de su relación con Ezra Pound. Empieza, por supuesto, con su particular versión de la écfrasis que (como se nos explica en el pertinente prólogo) es la figura de la retórica que nombra al procedimiento de describir una pintura en un poema. Williams principia su libro con varias creaciones de esta naturaleza. Lo que, en cierta forma, deviene en un sistema para identificarse a sí mismo con el artista flamenco. Ambos buscan describir la vida que les rodea sin subrayados, con una mirada cargada de piedad y sosiego.

La cotidianidad del viejo poeta se manifiesta en múltiples estrofas, pero su representación alcanza su máximo fulgor en los poemas dedicados a sus nietos. En 3 posturas, por ejemplo, congela varios instantes de tres de esas criaturas, Elaine, Erica y Emily. La luz del verso las atraviesa, las eterniza. “La vacilante sonrisa –escribe- / ante los planes adultos que buscan / atraparla / las pantorrillas iniciando la flexión / las muñecas / prestas a la huida”. En los poemas de Williams la dimensión visionaria no es afectada, surge orgánica. Está aferrada al mundo como las raíces de un tronco muy antiguo. Y en las descripciones de sus nietos esa particularidad se enciende, adquiere una incandescencia especial. Sin embargo, también, y he ahí el vértigo, es donde el poeta se muestra más cálido, cercano. Quizás porque en ese ámbito percibe futuro auténtico, continuidad, una realidad caudalosa. Posiblemente es que ni el erotismo –que prácticamente no existe en este libro-, ni el amor romántico, ni el afán de vivir, esos temas tan cercanos a la ardiente juventud lírica, son comparables a la certeza de la prolongación en cuerpos de tu carne y de tu sangre. ¿Es así como se siente un hombre de 80 años?

“Un estallido de escarcha / quemó las flores amarillas / en / la primavera / del año”. Williams viaja en varios poemas a su juventud, incluso a su pubertad –quizás en bastantes más en lo personal, en lo críptico-.Pero, nuevamente aquí, la delicadeza de su tratamiento, la naturalidad de su voz al convocar texturas e imágenes intriga y convence. Resulta particularmente intenso un poema en el que rememora un episodio de su juventud, en un viaje a Toledo. Williams recuerda a unas ovejas y a su pastor atravesando el puente sobre el Tajo. Es un imagen caprichosa, pero parece que fue recurrente en su vida y en sus sueños. La sabiduría del autor para fijarla en un poema, para trasladársela al lector es notable: “En la vejez recorren los sueños del anciano y aún caminan / en sus sueños, continuando mansamente en su verso / para siempre”.

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Como ya se dijo, el prólogo de esta edición de Lumen es adecuado. También la traducción, que igualmente ha corrido a cargo de Juan Antonio Montiel. Su introducción a la poética de Williams y sus comentarios sobre el contexto personal del autor enriquecen de forma agradable el volumen. Montiel se extiende sobre las discrepancias de Williams con el proyecto de Whitman. También sobre su elección de convocar un lenguaje sencillo para la poesía. Y, en algún momento, inevitablemente, ilustra sobre su relación con Pound. Una relación que, en cierta forma, atraviesa de forma sutil el libro. Está ahí: es ése amigo con quien se intercambia correspondencia. Un amigo al que se le concede el privilegio de la dedicatoria de un poema, acaso el único envenenado del repertorio. En él, Williams anota su deseo de que al autor de Idaho se le conceda el premio Nobel para después concluir: “Tu inglés / no es lo bastante específico / Como escritor de poemas / te muestras como un inepto por no decir como / un usurero”.

En origen este texto fue un ejercicio de clase para el curso de Periodismo Literario de la Escuela de Letras de Madrid, del que fui alumno entre el otoño de 2007 y la primavera de 2008. Al profesor de Crítica, Antonio Ortega, le gustó especialmente y lo recomendó para su publicación en la web de la Escuela.

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Cine

Quarantine

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Dir. John Eric Dowdle
Con Jennifer Carpenter, Jay Hernández y Johnathon Schaech

¿Cuál es el valor artístico de una fotocopia? En Quarantine, la cruda imagen electrónica de Rec adquiere grano fotográfico, y quizás esta mejora de calidad la define: había algo deliciosamente underground en el radicalismo formal de Balagueró y Plaza que Quarantine ya no contiene, aunque sea una película clon. Quarantine es una buena película porque Rec era una buena película. La expresividad maníaca de Jennifer Carpenter o el mayor protagonismo del hombre tras la cámara son valores añadidos muy tenues para concederle personalidad propia a esta film que, sin duda, da mucho miedo. Sin ironía. El espíritu del original está bien reproducido: no es un cine de reflexión sino de descargas viscerales. Y un ejemplo extremo de cómo lo formal moldea lo conceptual. Quarantine sólo tiene ventajas para el público anglo, ya que, como explicaba el crítico de The Guardian, “cubre el mismo trayecto que su predecesora sin la molestia de los histéricos subtítulos”.

Publicado en ROCKDELUX nº 270

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Cómic

Peplum

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Blutch
Ponent Mon

La épica auténtica de Peplum no esconde su génesis lírica. ¿Qué lleva a un historietista como Blutch a querer adaptar, en el filo del siglo XXI, un clásico latino como el Satiricón? Se supone que es, otra vez, por la vigencia de ese clasicismo: porque el viaje de su héroe transcurre en una dimensión mítica que es contemporánea porque es atemporal. En su felliniana ambición, Blutch mezcla Petronio con Shakespeare y nos ofrece un tebeo que, mediatizado por su cristalino alfabeto narrativo, nos ilumina con la evidencia de que el deseo es una revelación. Este muchacho enamorado de una mujer encerrada en una carcasa de hielo nos metaforiza a cualquiera de nosotros, y su peripecia adquiere vigencia de actualidad gracias a la belleza primeriza de la caligrafía gráfica de Blutch. “Es casi como una autobiografía”, nos explica el dibujante sobre su libro, y a uno no le cuesta intuir la oscuridad de ese hombre de aspecto aburrido que es el autor de La voluptuosidad, que es como cualquiera de nosotros, reflejada en los contornos de este Imperio Romano violento y erótico.

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Publicado en EL MANGLAR nº 8

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Diseño

Joe Colombo

La irrelevancia del arte

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“Tengo un hijo que se declara artista y otro que reniega de su arte”. De esta forma expresaba la madre de Gianni y Joe Colombo la singular divergencia creativa de sus hijos. Joe Colombo (1931-1971) tuvo una vida breve y una trayectoria fulgurante como diseñador industrial, que se repasa ahora en una exhaustiva antología en el Museo Vitra de Weil am Rhein hasta el 10 de septiembre. Joe –nacido Cesare- comenzó pintando abstracciones inspiradas en las explosiones atómicas. Sin embargo, pronto se convenció a sí mismo de que el arte estaba “muerto” y dedicó su talento a enriquecer una disciplina que, según él, anulaba el arte. “El auténtico diseñador debe ser un técnico en contacto con su tiempo, un experto en personas y en cuestiones científicas”. Responsable de la emergencia de Milán como capital del diseño, Colombo se valió de su aguda inteligencia para intentar erradicar las resacas conceptuales que el arte proyecta sobre el diseño, como la noción de estilo: “Quizás todavía hay un exceso de personalidad en el diseño, pero todo eso ha de desaparecer”. Joe Colombo dibujó ciudades futuristas y condujo coches rápidos. Todo fue rápido en su vida: buscó darle respuestas a las preguntas de su tiempo experimentando con los materiales de su tiempo, como el plástico. Lo hizo huyendo del concepto de estilo, renegando de su arte. Un posicionamiento que explica su colaboradora, Ignazia Favata: “Joe pensaba que el triunfo de la ciencia condenaría el arte a la irrelevancia”.

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Publicado en EXPERIMENTA nº 55

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Cómic

Fermín Solís

La violencia del sueño

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Entre la Virgen María y la Tortuga Gigante hay un hombre cuya imaginación es una hoguera. Un hombre que decidió ser cineasta. De personalidad transgresora, ardiente, genial, fundacional, acaso insoportable, Luis Buñuel es un artista imprescindible para entender los anhelos del siglo XX. Contradictorio, a la vez devoto y blasfemo, burgués y revolucionario, generó algunas películas que son como sueños en llamas. ¿Cómo biografiar ese ego que es un abismo? ¿Cómo se alcanza a la persona tras la densa aureola del personaje? “En realidad, si supiera lo que sé ahora no empezaría”, confiesa Fermín Solís. “No conocía su obra, y creo que, de haber estado familiarizado con ella, no me habría atrevido a realizar este proyecto. Buñuel me parece una personalidad complejísima. Fue un proceso de documentación muy laborioso. Vi todas sus películas y leí cuanto pude. Tanto sus memorias, Mi último suspiro, como libros de psicología donde se interpreta su obra, como entrevistas”.

Habla Fermín Solís extremeñamente desde su estudio, en Cáceres. Dice tener “una vida muy aburrida”, pero la brillantez con la que ha abordado y resuelto Buñuel en el laberinto de las tortugas, su primera novela gráfica de largo aliento –sin duda uno de los tebeos del año–, demuestra que está familiarizado con la vida mental intensa que predicaban los surrealistas. Solís se expresa con un acento muy marcado, se muestra cotidiano y accesible, pero su libro parece violentado por la búsqueda de lo onírico en la vigilia que Buñuel asumió como estrategia artística y vital. “La primera imagen del proyecto fueron Las Hurdes”, recuerda. “Quería trabajar con mi entorno cercano, escribir sobre mi tierra, Extremadura, y pensé en Las Hurdes, que es un territorio que conocía poco y que me resultaba atrayente”. No oculta Solís que fueron Las Hurdes las que le llevaron a Buñuel y que, progresivamente, la figura del cineasta se impuso en su imaginación: “En Las Hurdes las alquerías siguen en pie. Es una visión impresionante, aunque en la zona ya se vive con todo tipo de comodidades. Estuve documentándome sobre el terreno y pasé la primera noche en una pensión de Pinofranqueado. Me sentía absorbido por el lugar y tuve una pesadilla, que luego le trasladé a uno de los personajes del cómic, Pierre. Pero a medida que continuaba con la investigación, Buñuel ganaba protagonismo y Las Hurdes pasaban a un segundo plano. Sentí que quería recrear el mundo interior de Buñuel”.

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En Buñuel en el laberinto de las tortugas forcejean la realidad y la ficción. Es una obra más novelada de lo que el lector quizás intuye. La naturalidad y la verosimilitud de muchas escenas son fruto de la labor de Solís. Porque apenas hay registros o memoria del rodaje de Las Hurdes, tierra sin pan. Solís reconoce que se vio en la necesidad de ficcionalizar las múltiples zonas oscuras de la realización de un documental con el que Buñuel quería denunciar la situación de extrema pobreza que se vivía en algunas zonas rurales de España, en la década de los treinta. “No es verdad que Buñuel se disfrazase de monja, eso me lo inventé. Y también lo de embadurnar al burro con miel para que lo devorasen las abejas. Aunque la memoria popular que se conserva del rodaje contiene anécdotas terribles, como que quiso filmar un aborto. Yo tenía afán de preguntarle a la gente, pero apenas quedan supervivientes. Una mujer me dijo que estuvo en el rodaje, pero por la edad no me encajaba…”

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Ahora el plan de Solís consiste en descansar por una temporada. “De momento me voy a dedicar a la ilustración”. Quiere que el libro de Buñuel siga su curso y no tiene previsto volver a publicar hasta finales de 2009. En su cabeza se acumulan varios proyectos, de géneros diversos, que podrían tomar forma, pero da la impresión de que todavía está interiorizando los efectos de su última obra, esa zambullida voluntaria en el territorio de los sueños que abrasan.

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Publicado en EL MANGLAR nº8

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Nacho Carbonell

La paradójica libertad del nuevo diseñador

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En el teléfono la voz de Nacho Carbonell suena sosegada e ilusionada, sin atisbo de apatía o fatiga, en esta mañana que ha amanecido brumosa en Eindhoven, una ciudad donde, según bromea el propio Nacho, hace tan mal tiempo que sólo apetece trabajar. Digamos: climatología europea contra indisciplina mediterránea. En Valencia, a Nacho le cuesta concentrarse: se está tan bien en la calle que siempre anda por ahí con los colegas. En Eindhoven, reconoce, se siente en “modo trabajo”. Su gentileza, su actitud despojada de profesionalidad al responder al periodista que le llama, resulta estimulante. En un sector donde está de moda que los profesionales se disfracen, donde la personalidad es una tendencia de temporada, es una rara avis.

A Nacho Carbonell por ahora le funciona la estrategia poco estratégica de ser él mismo. Quizás fue el diseñador que más atención atrajo en el pasado Salón Nude, la sección joven de la Feria del Mueble de Valencia. Quizás eso pudo provocar malestar entre compañeros de espacio y/o generación. Quizás. Y quizás es que había motivos. Porque, siendo de la tierra, Nacho se presentó en Nude con su aureola de diseñador holandés, y exhibiendo una mitología proyectual radicalmente inversa a la oficial, a la predominante. Donde todo eran prototipos concebidos para entrar en producción, desarrollados por diseñadores –jóvenes- entrenados para entregarle a la industria lo que la industria necesita, Nacho exhibió unas piezas raras, extravagantes, de estética hipermodernamente artesanal; unas piezas que desprenden un desinterés radical hacia lo que la industria quiere o le importa.

“Estoy en una posición privilegiada, tengo suerte. Ante el interés de la gente, analizo: ¿Qué les cautiva de estos proyectos? Creo que, en gran medida, es porque están realizados a mano. Si estos proyectos se industrializaran, no resultarían tan atrayentes”.

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Puede que una clave para explicar la seducción que provocan los objetos de Nacho sea su naturaleza híbrida. Esa indefinición que muestran, entre el arte y el diseño. Entre la experimentación y la ingenuidad. Si sus colegas del Nude, muchos de ellos paisanos, han asimilado la poderosa tradición local del mueble y están deseosos de transformarla con sus innovadoras estrategias aprendidas en las escuelas de diseño, Nacho, que completó su ortodoxa formación como diseñador valenciano licenciándose en la Universidad CEU San Pablo de la ciudad, llegó al evento perfumado con la fragancia de la heterodoxia, que es un aroma corriente en Eindhoven. Nadie, ni en Valencia ni en España, hace lo que hace Nacho. Quizás el joven –también presente en ese Nude- Alberto Arza. Pero es que Arza es autodidacta. Los diseñadores formados en escuelas –o sea: todos los demás- están en la ideología de la producción. Con Carbonell también se recupera el ciclo de la emigración reciente de los diseñadores valencianos. Un éxodo que propició el asentamiento de Héctor Serrano en Londres; un éxodo del que ya regresaron Culdesac y Herme y Mónica, y que mantiene en viaje de ida y vuelta permanente a Luis Eslava.

La visión del diseño de Nacho Carbonell redefine, en cierta forma, las posibilidades orgánicas de la disciplina. Porque la forma en la que sus proyectos se inspiran en la naturaleza trasciende lo relacionado con la forma. Sus objetos parecen florecer de las ramas de los árboles, de la tierra del suelo. Comparten la sabiduría y la erosión del mundo. Podría decirse que surgen de una atmósfera de olores primarios y crepúsculos nítidos. Si la imperfección puede ser una tendencia orgánica, Carbonell está en primera línea de esa perspectiva. También en la del diseño que se exhibe arropado de discurso, del diseño que estimula la renovación de ideas y juicios establecidos. La sofisticada artesanía de sus piezas está envenenada de interrogantes.

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“Entiendo el diseño como una reflexión”, dice. “Creo en el diseñador como filósofo, en que su papel en la sociedad puede ser el de la llave que abre la puerta a la transformación de los ideales. Con mi trabajo, intento sugerirle a la gente nuevos valores sobre su lugar en el mundo”.

Considerando el delicado equilibrio en el que se sostiene su breve carrera –que comenzó en febrero de 2007, con su graduación en la Academia de Eindhoven-, a Nacho Carbonell también le resulta cercana la preocupación por su propia vocación y profesión. Últimamente se está encontrando con ex compañeros suyos que han accedido a puestos bien considerados y remunerados, en departamentos de diseño de empresas como Philips, y que, sin embargo, están planteándose dejar la profesión. La obsesión por el desarrollo sistemático y no reflexivo de nuevos productos, el ambiente despersonalizado y la espiral competitiva, están entre los motivos. Esta realidad afecta a Nacho, que siente como muy frágil su situación, y que es consciente de que en cualquier momento puede verse en la tesitura de tener que imprimir su currículum y buscar trabajo. De ahí su atrincheramiento en la defensa de una actitud profesional y estética que puede renovar su oficio. Nacho Carbonell ejemplifica al nuevo diseñador. A ese que no está interesado en perpetuar los incesantes hábitos de producción que hoy inundan el planeta de productos replicantes o innecesarios. Nacho es esa clase de profesional que cree que la creatividad y el respeto por el medio ambiente pueden hacernos mejores.

“La figura del diseñador está cambiando. Yo creo que ha llegado el momento de hacer algo nuevo. La gente reacciona positivamente a lo raro o diferente. La gente quiere otras cosas. Vivimos rodeados de un mercado que estimula el diseño como estética, como moda, como tendencia que caduca al final de la temporada. A mí me parece que ha llegado el momento de replantearnos esta forma de actuar. El desgaste del medio ambiente nos va a pasar factura. No hacemos más que joder los recursos y no se percibe aprecio por las cosas. Yo quiero crear objetos atemporales”.

El acabado deliberadamente manual de los muebles de Nacho Carbonell también es una declaración de principios. Puede considerarse una característica que entronca con la ambición del diseñador valenciano de vincularse con una corriente profesional que tiene en Holanda un caldo de cultivo propicio y mimado por las políticas progresistas del estado neerlandés. Nacho es beneficiario de una beca Design Incubator, que le proporciona los miles de euros necesarios para sobrevivir y para darle impulso a su incipiente carrera profesional. Además, ni siquiera tiene que preocuparse del alquiler de su espacio de trabajo, ya que se le ha permitido constituir su estudio en el edificio de una antigua iglesia en Eindhoven, un entorno comunitario que comparte con otros diseñadores recién licenciados. Nacho es consciente de que vive una situación prácticamente idílica, aunque le preocupa que quizás termine el próximo mes de octubre, ya que es posible que no pueda seguir ocupando su espacio en la iglesia. Con Nacho Carbonell se ejemplifica una paradoja que es signo de los tiempos: un diseñador que ha aportado un renovador vendaval de aire fresco no vive de su trabajo, sino de las subvenciones. Justo al contrario que sus compañeros del Salón Nude, esos que andan imbuidos en la continuidad de la tradición productiva. Esos que pueden valerse por sí mismos.

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A Nacho le abrieron la mente las clases de Jurgen Bey durante su primer semestre en la Design Academy Eindhoven. Le sacudieron los valores que traía aprendidos de España. Carbonell considera a Bey una de sus principales influencias, por esa interrogación constante de lo establecido que es característica de autoría del diseñador de Rotterdam. Pero un autor clave en la evolución del valenciano es el también heterodoxo y brillantísimo Maarten Baas. El método de trabajo de Baas, su reformulación de la artesanía, ha calado hondo en la visión del diseño de Carbonell. También porque Baas es un experimentador radical, un autor que fusiona mensaje y controversia en unos objetos de naturaleza ardiente. A veces literalmente ardiente. “De Maarten Baas he aprendido también la importancia de la experimentación”, reflexiona Nacho. “En mi estudio es un valor esencial. Hay que probar y probar hasta que se obtiene un resultado satisfactorio”.

Preguntado por el futuro, Nacho se muestra vacilante. No sabe lo que ocurrirá, aunque sí lo que quiere. Quiere vivir de su trabajo. Quiere continuar como está ahora. En Holanda o en Valencia. “Lo más importante es hacer lo que quieras cuando quieras”. Y estaría bien. Quizás el nuevo diseñador, después de encontrar su espacio ideológico y sus coartadas estéticas, encuentre su espacio comercial. ¿Qué es lo que más valorará Nacho Carbonell, tanto del futuro lejano como del cercano, esté donde esté? La libertad, dice, desde su mañana gris. “La libertad de expresión”.

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Pump it up, 2007. La interacción entre especies es el concepto a partir del cual se desarrolla Pump it up. Al sentarse el usuario, los animales cobran vida y le proporcionan compañía.

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Soft Concrete, 2007. En este diseño, Carbonell introdujo una preocupación habitual en el diseño holandés: cómo el proceso afecta al resultado final. Está producido en hormigón y puede crearse en el lugar donde va a quedar instalado.

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Dream of Sand, 2007. Concebido para ser creado en el lugar donde va a ser instalado –y otorgarle, por tanto, características del entorno-, este banco utiliza la arena como material de diseño. El recubrimiento exterior es de caucho.

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Por las ramas, 2007. Un refugio natural donde el usuario puede sentirse protegido como en un feto. Muy conceptual, este proyecto está producido con bioplásticos, unos materiales utilizados en agricultura que se disuelven de forma natural.

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Hot Kettle, 2008. Una tetera que comunica su estado a través de su lenguaje corporal. Carbonell siguió los principios de dualidad y contradicción del objeto para encontrar su forma.

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Evolution, 2008. Presentada en el pasado Salón de Milán, esta línea de mobiliario conceptual integra diversas metáforas. Las piezas están producidas manualmente con pasta de papel de periódico reciclado sobre estructura de cable metálico. Las tres contienen reflexiones sobre la información y el ritmo de vida contemporáneos.

Publicado en PASAJES DISEÑO nº4

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Índice de trabajos 2008

>Entre Enero y Noviembre, redactor en plantilla en Pasajes Diseño, realizando labores de investigación, coordinación, redacción y corrección.

>Desde Diciembre, periodista cultural freelance colaborando en diversas publicaciones: Pasajes Diseño, Rockdelux, Madriz, El Manglar.

>Entre Enero y Diciembre, diversas colaboraciones como especialista en cómic en el programa radiofónico La Guía del Cómic, de Radio Círculo.

Artículos:

>Experimenta nº 60 (marzo). Sección Observatorio: ‘La poética del ciborg’; Sección Outbox: ‘Los juegos de Charles y Ray Eames’, ‘El espíritu de la moda’.

>Pasajes Diseño nº 0 y 1 (marzo y abril). Sección Transversales: ‘100% Inc. La forma icónica’, ‘Drop Chandelier. La utilidad de los objetos inútiles’, Stuhlhockerbank. Diseño que provoca historias’, Greetje van Tiem. Sigue el hilo de las noticias’, ‘Eva Solano. Paredes de geografía salvaje’. Sección Exposiciones: ‘Piet Hein Eek en el Círculo de Bellas Artes’, ‘La edad de oro del diseño gráfico holandés’.

>Pasajes Diseño nº 2 (mayo). Sección Transversales: ‘Concrete Blonde. Walled Paper’, ‘Richard Hutten. Hojas magnéticas’, ‘Eric Morel. Fusión renovadora’, ‘101. 48 perchas’, ‘Rotor. Kitchen One’, ‘Museo para niños. Entre la galería real y la casa de muñecas’. Sección Perfil: ‘Piet Hein Eek. La marca de la imperfección’.

>Pasajes Diseño nº 3 (junio). Sección Transversales: ‘Amai Rodríguez. Romanticismo + Surrealismo = Moda’, ‘Martin Holzapfel. La belleza del misterio en el mobiliario’, ‘Ayako Maruta / Diesel. La vanidad de una marca’.

>Pasajes Diseño nº 4 (julio – agosto). Sección Transversales: ‘Hackenbroich. Sitscape’. Sección Perfil: ‘Nendo. Diseño de emociones contenidas’. Sección Introducing: ‘Nacho Carbonell. La paradójica libertad del nuevo diseñador’.

>Pasajes Diseño nº 5 (septiembre). Sección Transversales: ‘Bruketa & Zinic. Well Done’, Ronan y Erwan Bouroullec en Design Parade. Pasos de jóvenes experimentados’, ‘d-Vision. La necesidad del neo-naturalismo’, ‘Jurgen Bey. Otra forma de belleza’, Aesop. Cuidar el pelo, la piel y la personalidad’. Sección Perfil: ‘Inga Sempé. La inventora del paragüas’.

>Pasajes Diseño nº 6 (octubre). Sección Transversales: ‘Hackenbroich. Sitscape’. ‘Naoko Kanehira. Cushion Sofa’, ‘Mesas Iris. La forma de la pupila’, ‘Airia & Enchord’, ‘Yves Behar. Colección C’, ‘Vendome. El problable (o improbable) diseño del futuro’, ‘Jantze Brogard Asshoff. Creando una tradición global’, ‘Arthur Casas. Tienda Alexandre Hercovich’, ‘Sheepstable / 70F Architecture. La vida lujosa de las ovejas’.

>Pasajes Diseño nº 7 (noviembre). Sección Transversales: ‘Wis Design. Conciencia de la forma’, ‘Habitat Valencia 2008. Signos de una transición’. Sección Exposiciones: ‘Patricia Urquiola. Paisaje de patrones’.

>Pasajes Diseño nº 8 (diciembre). Sección Transversales: ‘La Maison de Marina. Materia viva’, ‘One of a kind. Muebles protagonistas’, ‘Proyecto Revival. Contra la tendencia’, Sección Perfil: ‘Emiliana Design Studio. El objeto y el cuerpo’.

>Rockdelux nº 260 (marzo). Sección Cómics: reseña ‘El local’.

>Rockdelux nº 261 (abril). Sección Cómics: reseña ‘Lo que el viento trae’.

>Rockdelux nº 262 (mayo). Sección Cómics: reseña ‘Jamilti’.

>Rockdelux nº 263 (junio). Sección Cómics: reseñas ‘Bajo el aire’ y ‘Señal y ruido’.

>Rockdelux nº 265 (septiembre). Sección Cómics: reseña ‘Batman Año Uno’.

>Rockdelux nº 266 (octubre). Sección Cómics: reseñas ‘Hardboiled’, ‘Profesor
Bell 3’.

>Rockdelux nº 267 (noviembre). Sección Cómics: reseña ‘Batman Año 100’.

>Rockdelux nº 268 (diciembre). Sección Cómics: reseñas ‘La historia de mi madre’ y ‘Bitch’.

>El Manglar nº 6 (marzo). Sección En la Rama: reseñas ‘Blotch’, ‘Psico Soda’. Columna Desde el bosque: sobre el fallo del I Premio Fnac-Sinsentido de Novela Gráfica.

>El Manglar nº 7 (julio). Sección En la Rama: reseñas ‘Guía para padres desesperadamente forzosos’, ‘El jardín armado’, ‘El manual de mi mente’. Sección La Galería Ilustrada: artículo sobre Miguel Porto. Sección La Última Hoja: artículo ‘Luis Bustos. El reto de la aventura’.

>El Manglar nº 8 (noviembre). Sección En la Rama: reseñas ‘Gus 2. Bandido guapo’, Hardboiled’, ‘Peplum’, ‘Shortcomings’. Sección La Galería Ilustrada: artículo sobre Puño. Sección La Última Hoja: artículo ‘Fermín Solís. La violencia del sueño’.

>H Magazine nº 97 (octubre). Especial 10 años: artículos Jordi Labanda, Leila Méndez.

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