Televisión

Herederos amargos de Woody Allen

horace_and_pete-620x412

A la lista de cineastas con influencias de Woody Allen, el sector de las series ha aportado dos evidentes en los últimos años, Louis C.K. y Lena Dunham. Desde sus personalidades diferenciadas, tanto Dunham en Girls (HBO), como Louis C.K. en Louie (FX) han sabido actualizar lo woodyallenesco al dar forma a sus comedias amargas urbanitas. Mencionar a Woody Allen al hablar de series tiene especial sentido si consideramos que él mismo, con ochenta años cumplidos, está preparando una serie para Amazon Studios. Y se da la coincidencia de que este mes de febrero, estos dos herederos están de actualidad: Lena Dunham estrena la quinta temporada de Girls (el día 25 en Canal Plus Series) y Louie ha hecho pública, de forma inesperada, su webserie autoproducida Horace and Pete.

No solo no se esperaba, sino que no ha habido ningún tipo de anuncio oficial, aparte de un correo del propio Louie a los suscriptores de su sitio web. Horace and Pete es, de hecho, un proyecto radical, por su agresividad verbal y su desnudez estilística. Interpretada por su creador y por Steve Buscemi, cuenta también en su reparto con Jessica Lange y con un Alan Alda octogenario y cascarrabias. El título hace alusión a la taberna donde se desarrolla la acción, un escenario tóxico de malestares acumulados durantes generaciones y disputas familiares en carne viva. Louis C.K. es un heredero muy agrio de Woody Allen: además de burlarse de negros, gays y gordos, su humor negrísimo y políticamente incorrecto está destilado aquí en toda su crudeza contra temas candentes como Donald Trump, la Superbowl o los refugiados violadores. Los capítulos duran 67 minutos y están rodados con un estilo despojado, casi de teatro filmado. La gran sorpresa de Horace and Pete es el divertidísimo papel de Alan Alda como el corrosivo tío Pete. Quien entienda bien el inglés, no tiene más que teclear LouisCK.net y hacer click en el enlace correspondiente.

Publicado en CARTELERA TURIA, nº 2.715, febrero de 2016

Estándar
Uncategorized

Perfil actualizado

Escritor, periodista cultural, traductor y fotógrafo.

He publicado artículos en EL PAÍS, CARTELERA TURIA, ROCK DE LUX, CALLE 20, H MAGAZINE, EL HYPE, EL MANGLAR, LA GUÍA DEL CÓMIC y en diversos medios online o no profesionales.

Fui redactor a tiempo completo en dos revistas de diseño, EXPERIMENTA y PASAJES DISEÑO, y he trabajado como redactor de contenidos y content manager, de forma frelance o en plantilla, para varias marcas y empresas. También fui coordinador editorial de una editorial de cómics tan underground que prefiero no mencionar su nombre.

He publicado un libro de relatos, HISTORIAS HERMOSAS Y REPUGNANTES (Editorial Cocó, 2011).

Mi formación original es de técnico en Imagen y sonido, pero la he complementado con formación no oficial en Periodismo, en centros como La Escuela de Letras de Madrid.

Desde 2013 estudio por libre el grado en Estudios Ingleses en la Uned, lo que me está proporcionando un bagaje y una intimidad insondable con la lengua inglesa y la cultura anglo-americana, además de una nueva faceta como traductor.

20111026 037____ret_b

Estándar
Uncategorized

Primera fase del cómic digital

Imagen

Cuando apareció el iPad en 2010 quedó en evidencia que, entre otros usos, era una máquina ideal para leer o visualizar tebeos digitalizados. Desde entonces, el mercado internacional del cómic comercial ha sufrido una saludable revolución, especialmente gracias a dos plataformas de venta y lectura, la norteamericana Comixology y la francesa Izneo. Como el escenario digital tiende a la concentración de actores involucrados, una y otra han basado su éxito en generar alianzas de las editoriales más poderosas de sus respectivos países, y no por casualidad Estados Unidos y Francia son las potencias del cómic occidental. En España, la situación es muy diferente. Pero vamos por partes.

Mientras la tendencia en ciertos modelos de cómic de autor consiste en subrayar el aspecto objetual del libro o cuaderno de historietas, parece evidente que el cómic comercial o popular tiene en los dispositivos digitales un soporte de futuro con sus propios desafíos narrativos. Antes o después, el cómic para tabletas, teléfonos o computadoras se convertirá en un arte nuevo, en un medio híbrido, donde la animación y la interacción tendrán un papel relevante. Por ahora, la transición consiste en leer en estos aparatos los seriales de formatos tradicionales de publicación, como los cuadernillos grapados de quiosco o los álbumes europeos de grosor estandarizado. La experiencia de lectura acostumbra a ser satisfactoria, porque la luz integrada de tabletas y teléfonos embellece la línea de dibujo y las secciones de color de un modo que suele superar a la reproducción de imprenta estándar.

Como decía, no ha sido posible recrear en España la experiencia de Izneo en Francia, o de Comixology –recientemente adquirida por Amazon– en Estados Unidos. Por ahora, el sector del cómic en soporte digital en nuestro país está muy desarticulado. En un escenario donde ha estado y está comprometida la supervivencia de varias editoriales, es comprensible que sus responsables no hayan tomado decisiones en este sentido. Aparte de sellos como Planeta DeAgostini, que ofrece sus títulos directamente en las tiendas digitales de Android y Apple, son destacables dos plataformas complementarias que todavía se mantienen en una primera fase, pero que pueden ser actores de futuro, Koomic y Cimoc.

Koomic cuenta con una reducido pero notable catálogo de títulos de diversas editoriales: Aleta, Diábolo, Dibbuks, Edicions de Ponent, Inrevés o La Cúpula, entre otras. Es especialmente significativa la contribución, todavía limitada, de Panini Cómics y, sobre todo, de Ediciones B, una editorial que publica a superventas del tebeo español como Ibáñez o Jan. Por su parte, Cimoc está dotada, tanto en su versión web como en la aplicación móvil, con una interfaz gráfica muy atractiva, de uso sencillo y efectivo. Cimoc ha sido desarrollada por Norma Editorial, y cuenta con una selección de su amplísimo catálogo, aunque eventualmente podría incluir títulos de otras editoriales.

Koomic http://www.koomic.comCimoc http://www.cimoc.com

Publicado en BABELIA nº 1.173, EL PAÍS, 17 de mayo de 2014

Estándar
Babelia, Cómic

Soñar los recuerdos del abuelo

tumblr_nd54nmAnl81qhal0to2_1280

Arsène Schrauwen / Olivier Schrauwen / Fulgencio Pimentel. Logroño, 2014 / 56 páginas. 13 euros

Olivier Schrauwen aumentó notablemente su visibilidad como gurú del nuevo cómic de vanguardia hace un par de años, con la publicación en diversos países de El hombre que se dejó crecer la barba. En aquel libro de historias cortas, plagadas de esquivas referencias pictóricas, Schrauwen parecía estar testando su propia habilidad con el dibujo y la narración gráfica con el propósito de explorar sus límites. Su nuevo título, Arsène Schrauwen, podría describirse como una biografía onírica de su propio abuelo, quien vivió una experiencia iniciática en la última fase del colonialismo belga, a finales de los años 40. En la primera página del cómic, el Olivier novelista gráfico se transfigura en su abuelo y a lo largo del libro recuerda o imagina, es decir, sueña, el viaje y las experiencias de Arsène en la colonia.

La alusión al mundo de los sueños era explícita tanto en el primer libro de Schrauwen, Mi pequeño, como en El hombre que se dejó crecer la barba, pero en Arsène Schrauwen permanece contenida, latente, y es un gran acierto: lo onírico deforma algunos pasajes del libro, pero sin contaminarlos del todo, lo que genera una mayor extrañeza en el lector. Si hay un reparo que manifestar a estas 50 formidables páginas es, de hecho, su brevedad: Schrauwen ha concebido un conjunto de tres libros –el último, al parecer, de más de 100 páginas– y esta primera entrega se saborea casi como un aperitivo.

“No veo el arte como algo que se mueve en dirección a un estado sublime y perfecto”, ha explicado Schrauwen en una entrevista reciente. Su visión de la creación artística como “bestia en mutación, siempre adaptándose al entorno, siempre en cambio” explica la síntesis de referencias añejas y estética ultramoderna que el dibujante belga fusiona en sus novelas gráficas. Su posicionamiento autoral es, también, contemporáneo y está imbuido de los placeres de la autoedición: la primera y limitadísima edición de Arsène Schrauwen la ha impreso y distribuido él mismo. Tras la edición española de Fulgencio Pimentel, en junio llegará la norteamericana de Fantagraphics, la editorial de cómic de autor más importante del panorama internacional.

Versión íntegra de la reseña publicada en Babelia nº 1168. El País, 12 de abril de 2014

 

Estándar
Babelia, Cómic

Aquellos años de libertinaje y paranoia

atajos _ c

La escuela de cómic ‘underground’ de la revista “El Víbora” de principios de los 80 demuestra su vigencia estética y autoral en dos recopilaciones recientes, ‘Alta tensión’ de Alfredo Pons y ‘Atajos’ de Martí

Con la reciente edición del volumen Alta tensión, de Alfredo Pons, nos encontramos con nuevos argumentos para evocar la fundación mítica del cómic de autor que trajeron consigo las revistas de historietas de espíritu subversivo de los años 70 y 80. Con un primer número simbólicamente publicado en diciembre de 1979, El Víbora confirmó la apetencia de una nueva generación de autores por reproducir en sus viñetas el latido de la calle. Las agresivas, sexuales y urbanas historietas de Alfredo Pons se entienden mejor al recordar el espíritu que envolvió la creación de El Víbora: “No tenemos ideología, no tenemos moral”, afirmaba el texto del primer editorial de la revista. La mirada visceral de Alfredo Pons sobre unos barrios bajos poblados de prostitutas, drogadictos, quinquis y toda clase de ángeles caídos nos recuerda que el hedonismo de la nueva década contenía tanto el vértigo de una libertad desconocida como el desencanto ante lo limitado del cambio político.

Alta tensión recoge una selección de relatos gráficos autoconclusivos de Pons, de diversas épocas y estéticas, aunque lo bastante variados y significativos como para dar una visión panorámica de su labor. En concreto, hay dos aproximaciones narrativas fundamentales. Si en historias como ‘Porno criminal’ o las protagonizadas por la prostituta Maria Lanuit, el dibujante retrata a pie de calle una Barcelona de neón, habitada por la fauna canalla de las Ramblas, en otras como ‘El bar de Charlie’ se exilia en ensoñaciones esteticistas de género negro norteamericano. Sin duda Pons maneja mejor el primer registro, aunque el estilo gráfico sea menos sofisticado, casi juvenil, a pesar de la violencia ambiental y la reincidencia en el desnudo gratuito. Combinación de ambas tendencias es ‘Todos los bares’, una historieta de encuentro nocturno con lenguaje de alto voltaje literario y claroscuros quebradizos, casi hirientes.

Es importante y relevante que sea Ediciones La Cúpula quien haya decidido recuperar estas historias. No en vano, fue La Cúpula –hoy una editorial especializada en novela gráfica– quien produjo y publicó El Víbora durante sus 25 años de existencia, hasta 2005. Alta tensión quedaría perfectamente complementada por nuevas ediciones de otros materiales de Alfredo Pons, como Escalera de vecinos. Pero en sí misma resulta una antología idónea para comprobar la evolución hacia una belleza oscura de un dibujante que, no por casualidad, adaptó al cómic –y están incluidos en Alta tensión– relatos de Charles Bukowski y Robert Bloch.

atajos _ a

El crimen es, también, un elemento recurrente en Atajos, de Martí, otra recopilación reciente de material clásico de El Víbora. La narrativa de Martí Riera, en todo caso, es muy diferente a la de Alfredo Pons; en sus historietas, que soportan mejor el paso del tiempo, la abundancia de referentes cristalizan en una visión intelectualizada e irónica de la paranoia urbanita.

En las hipnóticos e hilarantes relatos de Atajos, Martí adapta el tremendismo español a la postmodernidad con un sinuoso estilo de dibujo inspirado en los clásicos de cómic de crimen norteamericano de los años 40 y 50. Gracias a esa elegancia gráfica retro, el autor desvela, en una suerte de estilizada crónica negra, la permanencia de la España rancia en la sociedad urbana contemporánea. Personajes como los protagonistas de ‘Repulsión’ o ‘¿Culpable?’ son esa clase de ciudadanos corrientes, reconocibles, alienados y destruidos por los pensamientos irracionales propios o de otros miembros de la comunidad. El afán de análisis social de Martí se evidencia en historietas como ‘Sospecha letal’, que adapta un caso del psiquiatra Castilla del Pino: el de un individuo convencido del adulterio nocturno de su esposa con un extraterrestre verde.

Alta tensión. Alfredo Pons. La Cúpula. Barcelona, 2014. 148 páginas. 24 euros.

Atajos. Martí Riera. La Cúpula. Barcelona, 2013. 112 páginas. 16 euros.

Publicado en BABELIA nº 1162. EL PAÍS, 1 de marzo de 2014 

Estándar
Babelia, Cómic

Monólogo con fondo urbano

Cleveland-tower

Cleveland. Harvey Pekar y Joseph Remnant. Traducción de Güido Sender. Gallo Nero. Madrid, 2013. 128 páginas. 18 euros

No fue un escritor de ideas, sino que volvió una y otra vez sobre los temas que tanto le obsesionaban. En la novela gráfica Cleveland, el guionista Harvey Pekar retoma sus fijaciones habituales, que desmenuzó durante décadas en la serie American Splendor, pero el resultado, lejos de ser reiterativo, añade capas de sutileza a su obra de ficción autobiográfica. Si los episodios de American Splendor transmitían el tono inmediato de los diarios personales, Cleveland surge de la memoria neblinosa de un hombre anciano. En sus páginas, el artista Joseph Remnant retrata a un Pekar envejecido, un peatón en el que nadie repara. En plena degradación de su ciudad, el escritor quizás intuía que apenas le quedaba un año de vida.

Cleveland resulta un título idóneo para ubicar a Harvey Pekar como precursor del cómic de autor. Influido por la narrativa autobiográfica, buscó en lo cotidiano, en el propio relato vital, las claves de una poética con la que se comprometió de por vida. Su ejemplo es de manual: el funcionario que desea trascender su vida monótona gracias a la escritura. La nota innovadora fue su apuesta por la historieta como disciplina narrativa. En Cleveland, vuelve a sus filias musicales, sus neuras, su infatigable vida mental, sus divorcios, sus relaciones personales, su empleo, esos cuatro temas que tanto le importaron. Y se recrea en la evocación del escenario confortable y frustrante donde transcurrió toda su vida. En este libro, la cronología de la ciudad de Cleveland se solapa con la biografía de Harvey Pekar, y ambas confluyen hacia el escenario invernal de la recesión.

Para dotar de imágenes a su guión, el escritor eligió a Joseph Remnant, un joven dibujante que ha sabido aportarle una impronta estética renovadora pero imbuida de resonancias referenciales. El abismo generacional que separaba a guionista y dibujante no ha impedido que este sea un tebeo formidable. En el prólogo, el también guionista Alan Moore sugiere que este dibujante es “el más sensible de la estelar lista de colaboradores de Harvey”. Remnant ha explicado que Pekar murió cuando apenas llevaba 20 páginas dibujadas de las 120 del libro. Eso le otorgó una posición de libertad, al interpretar el guión del maestro, pero también una sensación de responsabilidad que le ha pesado durante todo el proceso. Fue decisión de Remnant dibujar a Pekar como un peatón, como figura en movimiento en el escenario precarizado de la ciudad. Era una tradición que los dibujantes de American Splendor, al interpretar los monólogos de Pekar, le retratasen frente a un fondo blanco, pero Remnant ha sabido darle un emotivo dinamismo a Cleveland, que encaja con su tono descriptivo.

Como Pekar, Remnant no fue un lector infantil de tebeos, sino que desarrolló su vocación al estudiar el trabajo de autores underground o alternativos como Robert Crumb o Daniel Clowes. En su estilo de dibujo hay una sugerencia que enlaza con la línea del propio Crumb, e incluso se percibe una aureola nostálgica que lo relaciona con las novelas gráficas de Will Eisner. El joven Remnant, además, mantiene otro hilo emocional con el proyecto: él mismo es oriundo de Dayton, una población de Ohio que puede considerarse una versión en miniatura de la Cleveland de Pekar.

pekar_cleveland

Un cómic para lectores de novelas

“Lo que yo escribo es autobiografía, tan realista como me es posible”, le confirmaba Pekar al crítico Gary Groth en 1984, en una entrevista recuperada para el lector español por Gallo Nero el año pasado en el librito Tolstoi era un charlatán. Quizás por ser un episodio tratado en la adaptación cinematográfica de American Splendor, Pekar no se detiene demasiado en Cleveland sobre su relación con Robert Crumb. Pero menciona la estancia del dibujante, en los setenta, como muestra de una cierta emergencia temporal de su ciudad, a la que emigraban artistas, profesionales, personas interesantes. Los dos eran fanáticos del jazz y de los antiguos comic-strips. Crumb se ofreció a ilustrar los primeros guiones de Pekar, aunque pronto compartiría ese privilegio con los dibujantes Greg Budgett, Gerry Shamray o Frank Stack, y con los años, con ilustres de paso como Joe Sacco, Eddie Campbell o Richard Corben.

Hace cuarenta años, en un momento histórico donde el cómic se había reducido hasta confundirse con el género de superhéroes, la vocación de inaugurar un ciclo de narraciones gráficas basadas en experiencias reales no era nada corriente. A Pekar le inspiró el impulso de los autores del movimiento underground, pero durante años se quejó amargamente por los miles de dólares que perdía en la empresa ruinosa de autoeditar sus propios tebeos. “American Splendor parece un cómic, pero el contenido no es el que se espera de ellos”, reflexionaba en la entrevista con Gary Groth. “Y eso supone un problema en la medida en que los lectores habituales de cómic no se interesan por él y los lectores de novela –a quienes podría gustarle– ni siquiera saben que existe”.

Con los años, se crearía el público que ansiaba para sus tebeos, y él mismo diversificaría su producción en títulos como Macedonia o The Beats. Con la reformulación del cómic como material de librería y no de kiosko, su labor adquiere un nuevo protagonismo. Cleveland supone una introducción idónea para el lector interesado en la obra de Harvey Pekar.

Publicado con el título ‘Vida de un peatón’ en Babelia 1.150, EL PAÍS 07/12/13

Estándar
Babelia, Cómic

Los mundos de Bryan Talbot

Imagen

Con la publicación en 1999 de Historia de una rata mala, los lectores españoles tuvimos una nueva señal de que algo estaba cambiando en el paisaje del cómic. Una confluencia de factores había llevado a Bryan Talbot a concebir este emotivo relato sobre dolor y redención: el deseo de recrear con su dibujo el distrito inglés de Los Lagos, su devoción por las ficciones de Beatrix Potter y el encuentro con una adolescente fugitiva en el metro de Londres. Con el título retraducido, con buen juicio, para subrayar esa vinculación con el imaginario de Potter, El cuento de una rata mala se recupera estos días en una nueva edición, en un contexto editorial transformado donde encaja como un guante. La apuesta de Astiberri por Talbot es similar a la acometida con otro ilustre, Eddie Campbell; ambos ejemplifican el vigor que la escena británica ha proporcionado a la evolución del cómic de autor. A Bryan Talbot el valor de actualidad se lo proporciona la reedición de la Rata mala, sí, pero también el lanzamiento de los dos primeros volúmenes de Grandville, una serie de aventuras retro-futuristas, ambientada en un periodo decimonónico apócrifo y tan realista como los animales antropomorfos lenguaraces y violentos que la protagonizan.

Imagen

Grandville es una fantasía esteticista en la línea del Sherlock Holmes de Guy Ritchie, que recupera el tono arrebatado que Talbot imprimió de joven a Las aventuras de Luther Arkwright y El corazón del imperio. Su versatilidad como dibujante queda demostrada en ese moverse con similar efectividad en registros de pura inventiva o de ficción comprometida con dolorosas causas reales. En El cuento de una rata mala, el afán de verismo se manifiesta en el detallado registro figurativo y la base fotográfica de los personajes protagonistas. Se remueve en el corazón del libro un tema tabú, el del abuso sexual en el seno familiar, y la credibilidad de la muchacha protagonista, Helen, al exorcizar la culpa y el resentimiento ha propiciado que sea un título recomendado en centros sociales de varios países. Que Bryan Talbot se equivoca quedó demostrado en la desmesurada Alicia en Sunderland, pero en su cuenta de aciertos recientes destaca el esmero al poner en imágenes La niña de sus ojos, un guión con incisiva visión de género de su esposa, Mary M. Talbot, sobre la destrucción íntima a que fue sometida por sus progenitores la hija de Nora Barnacle y James Joyce.

El cuento de una rata mala. Bryan Talbot. Astiberri. Bilbao, 2013. 136 páginas. 20 euros. Grandville / Grandville. Mon amour. Bryan Talbot. Astiberri. Bilbao, 2013. 104 páginas. 16 euros. La niña de sus ojos. Mary M. Talbot y Bryan Talbot. La Cúpula. Barcelona, 2012. 104 páginas. 18 euros

Publicado en BABELIA nº 1.135, EL PAÍS, 24/08/2013

Estándar